Arcano (Número 155) Soneto





La distancia no para mi camino,
te voy persiguiendo, mi trovador,
con este poder adivinador,
fruto de tu vínculo celestino.

Anhelo tu carácter cristalino,
sustento de mi magma bicolor,
príncipe de mi ser acechador,
en mí,   tu tesoro como destino.

Convertida en fantasma singular,
penando por ti como los fantoches,
en las tinieblas,  en el despertar.

Piedad exijo en mis largas noches
donde no te dejo de abrazar,
esgrimo el dolor en mis antenoches.

Imponente (Número 154) Soneto

Pétrea y difícil mi

retirada

de una jaula de barras con

estaño,

de una trampa cruel con tu

engaño,

tan constante en mi

corazonada.

Rollos de mentiras en tu

bancada,

con palabras y cuentos de

antaño,

con el viento de cada

travesaño,

colmo de tu pésima

chiquillada.

Condominio de mi

sofocación,

desbordante por tu vida

oscura,

mi letargo ante tu

desazón.

Tu desinterés, mi

degolladura,

con dolor en mi abatido

filón,

tú me llevas hasta mi

sepultura.

Soez (Número 153) Soneto

Mis ilusiones, fuera de tu

talla,

por el heraldo que hablas por

ahí,

mentiras y blasfemias sobre

mí,

la descortesía en tu

batalla.

Tu corazón, padre de una

muralla,

sordo al calor de mi

popurrí

después de que, por él, me

abatí,

tú posas tan indolente,

canalla.

Atónita por tu insulto,

ingrato,

extrema inquietud en esta

barraca,

soliviantada por ese

maltrato.

Pésima naturaleza,

opaca,

ciega por el llanto hacia tu

trato,

por el yugo de tu injusta

estaca.

Paz (Número 147)





Visitante diario de mi

ficción, 

no sólo allí te hallabas,


intruso, 

con soles en mi corazón 

iluso, 

me mordía tu extrema 

tentación.


Con la palidez de tu 

abstracción, 

me coronas con tu querer 

incuso

y con nuestro bello amor en 

uso, 

el nirvana, nuestra

sublimación. 


Y,  en un escenario 

maravilloso, 

conjuro de miles de

flamenquillas, 

me haces,  otra vez, el amor

dichoso. 


Dulce placer de tantas 

octavillas, 

penetración en lo más 

asombroso, 

al fundirnos, en lindas

tonadillas.

Xenón (Número 145)

Pues sí, cuando tú no estás

conmigo,

cipreses hirientes en

aluvión,

troncones, bosques de

apelación

desgarradores de su

enemigo.

Pues sí, cuando tú no estás

conmigo

imperceptible la

inspiración,

sin ningún rayo de tu

colisión

y aludes relucientes si te

sigo.

Con el punto final de tu

error,

en mi entraña, un clavo

ancestral

centellea por siglos de

amor.

Sonámbula en este

lodazal,

en el desastre del peor

horror,

detestable barbarie,

mi final.

Meritorio (Número 141)

Con tu arte palpito

conmovida,

con el ritual de tu mundo

fecundo,

con leal sentido, rey

profundo,

con tu sensibilidad

colorida.

Y por tu obra caigo

sorprendida,

con placeres, con un amor

jocundo,

nos adentramos en el

supramundo,

vaporosos hacia otra

salida.

Tu orilla, mi extremo

favorito,

a diario arribando a mi

vera

por los parajes donde yo

medito.

Tan atrás quedan las nubes,

afuera,

ingenioso tu secreto

erudito,

junto a ti, arrincono mi

ceguera.

Sorpresa (Número 135)

Miro tus ojos sedienta por
ellos,
templo tus iris de mi
comprensión,
con su febo alzan mi
superstición,
cuna real de mis deseos
bellos.

Con ternura me palpas los
cabellos,
un abrazo sutil, un
achuchón,
suave mi pecho te da un
apretón
hundido en el limbo de tus
destellos.

Aletargada ya tu
altanería,
con los despojos de aquella
altura
postrada en el ayer que te
batía.

Virtual desnudez de tu
armadura
para quererme con tu
avemaría,
la del ponto, de tu
buenaventura.