Muy tuna la muerte (Número 326)

Y, en la alacena de mi vida,

vivencias de una negra penumbra,

se me pone delante una muerte

estúpida.

Quiere burlarse de mí

y me dice que, frente a ella,

nada tengo que hacer.

La carne se me pone de gallina,

rechinan mis dientes,

ella, la muy tuna,

susurra en mi oído…

feliz cumpleaños

del día de tu muerte.

Y frunzo mis cejas

mas no agacho mi cabeza.

La miro desafiante,

cojo impulso hacia delante,

me monto encima de ella,

y sí, con un puñal,

hecho con mis ganas de vida,

le retuerzo su mano,

le quito su guadaña,

la giro hacia mí

y le digo estas palabras:

te dejo tiesa,

indefensa,

te desafío,

lo nuestro será un duelo,

un duelo sin armas,

un duelo de tú a tú,

de corazón a corazón.

Y, ella, ante el temor al amor,

se da por vencida,

se da la vuelta,

agacha su cabeza.

Y desaparece

sin llevarse su guadaña.

Quizás, otro día,

vuelva a por ella…

lo recordará, seguramente.

Cualquier momento (Número 325)

Alguien me maltrata,

mi cabeza bajo sus rodillas,

alfileres en mi nuca,

deshuesado mi cuerpo,

obviando mi talento

y mi figura,

deshaciendo mis conexiones.

Y, en mi mala racha,

busco una salida,

en este pernicioso momento,

derribos monstruosos,

en cada una de mis células.

Y me atolondro

hacia un momento de locura.

Y mi malestar lleva

mi pensamiento a una evasión…

a una autolisis

que no prolongue mi amargura,

Y, menos mal,

que no veo mi momento

y, mi acto, no se consuma.

Y despierto de este enredo

que deslumbra mi mente;

momento…sin precedentes.

Omni tempore.

(Cualquier momento).

Quién soy yo (Número 324)

Miro mis manos, cansadas

de tanta lucha,

ajetreada lucha.

Y no cuento mis penas,

una tras otra, cada día.

Y no miro hacia atrás.

Todo, una pesadilla

que surca mis pesares

hacia un pozo, sin salida,

donde la nube del placer

se esfuma, dentro

de una barraca portuaria,

entrelazada,

entre la vida y la gloria.

Y siempre, para mí,

las lágrimas me afloran.

Y, a veces, me hacen fuerte

hasta mi victoria.

Y, un retruécano variopinto,

perder la vida en un segundo,

perder en un segundo la vida,

turbulencias me manda.

Y, en mi plano físico,

mis manos me suelta,

me suelta mis manos,

hasta caer al vacío,

dando vueltas…

y más vueltas.

Sollozos por el camino,

mareos muy despertinos.

Y, un porrazo, me despierta

en una sala de hospital,

con mis manos atadas,

con mi cara magullada.

Y, sin tan siquiera saber,

quién soy yo…

Injusta la muerte (Número 320)

Alba de luna nueva

por los campos centinelas,

cubiertos de sales y arenas,

firmes, en un estado

de supervivencia,

tras la muerte, obsoleta,

de figuras reemplazables,

en esta tierra de nadie,

con el título de la muerte,

a cuestas, en la espalda,

de quien la piensa

y, en las manos,

de a quien le llega,

por sorpresa o esperada.

Y te aferras,

en un holocausto

de guerras sangrientas,

donde hasta la palidez

de una enfermedad

te parece bella.

Y, el soponcio

de una muerte lenta,

te da de cruces,

con una realidad de la vida,

que nos lleva, poco a poco,

a desaparecer de esta tierra,

para siempre.

Y entiendo la pena,

de decir adiós,

a tantas cosas queridas y bellas.

Injusta la muerte siempre.

Llegue cuando llegue…

apesta.

Visiones (Número 319)

Misterio, misterio.

Yo, cuando sueño, vivo.

Misterio, misterio.

Yo, cuando vivo, sueño.

Y una venda, en mis ojos,

la causa de mi misterio.

Y me tiene confundida

para no ver, tanto dolor

en mi alma, sin fundamento,

tanto dolor en mi cuerpo,

postrada,

en esta cama de hierro,

en el silencio de días eternos

y con el misterio

que me arranca, de cuajos,

las visiones

de cuando yo vivo…

estoy durmiendo.

Cuidemos el planeta (Número 317)

Profesiones hundidas,

no puedo más,

con el interés ramero,

“ramera de Babilonia”

incremento de sus poderes.

Y se esconde,

dentro de un lago

que vierte sus aguas oscuras

hacia un pantano

que se torna frío, malo.

Y tienta sobre la cruz

de un delicado orador

que dice quién tiene razón.

Continentes contaminados,

¿culpable?

nadie… se da por aludido.

Mas, todos sabemos

los motivos de una naturaleza

incomprendida.

Ella nos da lo mejor

y la dañamos con desazón,

con la lumbre

de todos los escombros materiales,

podridos.

Y, así, abusamos

con este consumismo,

extendido de norte a sur,

de este a oeste.

Y nuestra tierra lo sufre

sin piedad.

Y los más débiles,

con ella, también.

El interior del ser humano,

tan vacío, en un precipicio,

en un limbo existencial.

Todo,

pura y dura economía,

intereses, sin más…

un desastre total,

“in extremis”

Vuestra lotería (Número 316)

Y, entre tanto,

se me acerca un cuponero;

el dinero qué duro que está,

nunca me cae del cielo,

no me toca ni el reintegro.

Mi trabajo, duro y agotador,

me lleva,

por esta vida de tunantes,

de troleros usureros.

Y ellos…me mienten

con una simple pluma,

sin esfuerzo,

y se amotinan, con los tesoros

de los obreros.

Y así pasa mi vida;

yo sonrío…con el cobro

de una propina,

extiendo mi mano ilusionada.

Triste ilusa,

mi vida va pasando

y mi salud se va terminando.

Trabajadora ilusa,

si me jubilo no duraré tanto,

mi agotada vida…acabando.

Acabóse mi trabajo…

y mi vida,

chupópteros inhumanos,

os habéis vuelto ricos

con mi esfuerzo diario;

ésa es mi lotería…

la vuestra.