Desayunos (Número 315)

Y estrujo mi pan,

cada mañana,

en este rico aceite de oliva,

con la alegría

de los campos del sur,

con la sabia

de un árbol sagrado,

memorable.

Y, así, se limpia mi cuerpo

y se lubrica con amor…

con la magia del sur.

Y me cantan, por bulerías,

con el arte a cuestas,

las naranjas de mi tierra,

exquisitas en esta jarra,

colorida y con gracia.

Yo me las bebo de un sorbo

y me sacan a bailar,

cada día, en esta tierra mía,

los desayunos con jolgorio,

curtidos con la frescura,

curtidos con la esperanza

de un nuevo día

y de una blanca luna,

¡qué hermosura!

Viaje (Número 314)

Pues con tapiz de dolor

siento mi vida

en mi último pasaje,

camino hacia mi desnudez.

No me quedan ropas

superpuestas,

este paraíso terrenal

me desnuda.

Y me voy enfrentando a mis actos,

a los buenos, a los malos.

Y me voy enfrentando

a quien verdaderamente soy,

una humana pecadora,

con ansias de saber

que será de mi último viaje,

a dónde me llevará, qué sentiré

una vez que llegue a mi destino,

quizás me pierda por el camino.

Y no deseo esa pérdida,

en las malezas soñolientas,

de una muerte lenta.

Orden de alejamiento (Número 309)

Y, dónde voy,

si lo mío, no es ir,

sinuosa entre nardos

olorosos, me sirven

para tu adiós,

siempre y cuando

no te vea en ese mismo instante,

en el que has embarcado

hacia un rumbo delirante.

Y te atreves a censurarme,

si tú no sabes mi verdad,

¿por qué lo haces?

Mi siniestra verdad

en aquella tempestad amorosa

en la que me hallé inmersa,

con engaños de tu pasado

de tu enamoramiento falso,

de tu pasado fantasmagórico

que me clavaba

las peores armas nucleares

de la tierra.

Y, con ese pasado,

me topé por sorpresa.

Y te juro, por todo lo

que me mantiene de pie,

que fue el pasado

más abominable

que tú puedas creer.

Mas sólo te conté la mitad

de todos mis sueños incumplidos

y de todas mis malezas vividas.

Sólo te conté esa mitad

por la tremenda vergüenza

que afronté por ti.

Y, hoy aquí, delante de un juez

pido tu alejamiento,

kilómetros y kilómetros,

lejos de mí, vete.

Y, encima, me dices

que puedo ser

tu tercera persona;

aléjate, aléjate.

Necius mortem.

“La elección de la muerte”

Sin excepción (Número 305)

El tiempo cura mi herida,

un puma arrodillado,

una caída, en su esencia viva.

El tiempo arrastra

el peor lodo

de mi amargo sentimiento,

de mi daño por dentro,

me acerca, con tiempo,

al único precipicio

que existe en este mundo,

al único misterio inequívoco

de la vida,

así es el tiempo.

Y me lleva, poco a poco,

en volandas,

a mi muerte,

a mi vida inmortal,

a mi muerte irrisoria

en la que yo no creí

por bastante tiempo;

yo soñaba ser una excepción

de la rueda intachable

del tiempo, ilusa yo…

por aquellos tiempos.

Y nadie vence al tiempo,

¡nadie!

Y, seguramente,

la inmortalidad sea…

otra cosa diferente.

Andalucía (Número 301)

Y no sueño, mi suerte,

abrir mis ojos,

cada día,

en mi genial Andalucía.

Su claro sol

me llena de frescura,

su duende atroz

eriza mi piel al ritmo

de bulerías,

de flamenco, de poesías…

Sus paisajes me columpian,

por cielo, por tierra;

sus mares me acompañan

donde vaya,

con su energía me atrapan.

Y, con mis ocho amores,

despierto cada mañana,

me salpican de rocío

con la frescura del alba

con sus colores…tan mágicos,

en mi Andalucía… relámpago.

Y mi amada tierra,

diferente a las demás;

musa para los artistas,

pasión para los turistas,

solidaria, trabajadora,

amor para sus lugareños,

gracia, salero… puro arte,

despampanante.

Y, en mi Huelva descubridora,

rumbo a mi salerosa

Cádiz.

Después, mi elegante Sevilla

me lleva a mi Córdoba

sultana

y a mi Granada mora.

Subo hasta mi Jaén

aceitunera

y bajo a mi Almería morisca.

Mis ocho amores,

mis reinos,

ellos hacen de mi vida,

un jardín de maravillas,

un paraíso encantado,

lugar… para enamorados.

Yo amo y vivo feliz en…

mi Andalucía…

tú también puedes hacerlo,

sí, sí, sí…

Te peinas (Número 283)

Te asomas a un espejo imaginario,

tanto te lo crees,

¡qué subidón!

te crees superior.

Y te atraviesa el orgullo,

miras a tu alrededor,

no ves nada mejor,

inigualable, te dices,

soy el mejor, yo.

Madre ¡qué desesperación!

Y, el hundimiento de tu alma,

sin esperanza, vueltas,

más vueltas,

mientras tú,

mirándote al espejo

te peinas, te peinas…

Narcissus polar ice.

(Narciso polar frío)

Sin mi firma ( Número 282)

Apócope de terror

estremecedor, en mi vasta,

en mi callada cuna,

con las andanzas

de mi locura, me incitan

a volar en otra dimensión.

Quizás, algún día,

antes de mi muerte,

lo consiga

y corrobore la existencia

de esa laguna mental,

que, cada vez, acota mi mente

con más bravura

y que, cada día, me clava

más clavos esta tremenda duda.

Tal vez, me confunda en esa locura

a la que, siniestramente,

me llevará mi sepultura,

sin escapatoria, no hay duda,

confirmado queda,

pactado con la naturaleza

escrito, sin mi firma,

sin mi consentimiento

informado,

pero, a ver, me ha tocado.

Y tú ¿te lo has preguntado?

Positum et suspensum

(Cosas suspendidas y colgadas)