Sólo al oír tu voz
inconfundible,
su eco tórrido en la
multitud
y que me doblega a tu
virtud,
al loor de tu camino
plausible.

Tu voz, para mí tan
reconocible,
con castos mensajes de tu
talmud,
en el aire vibra tu
magnitud,
satisfacción para lo
destructible.

Tan gigante igual a un
surubí,
el eco de tu voz siempre me
lía,
me ata, con hilos, su
carmesí.

Con tu oda en el mar me
moriría,
oyendo tu suave voz
sefardí,
a cada hora, en tu
letanía.

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