No grabado (Número 252)






Y suena mi móvil,





un número no grabado,





¡qué horror!





El, miedo, metido





dentro de mi alma,





dolores y dolores





en mi cuerpo





con esa llamada.





Descuelgo y ¡qué alivio!





sólo ha sido un error,





una amiga de mi hermana,





de móvil se confundió.





Y, hoy, me libro,





gracias a Dios,





no me llamen,





por favor,





no me llamen.

Que calle mi teléfono (Número 163 c)




Un sábado,




un domingo, un lunes,




treinta y uno de diciembre,




¡oh! día laboral,




que no se oiga mi teléfono,




que, ni tan siquiera,




vibre, que calle,




que duerma…




en este último día




del dos mil dieciocho,




por favor,




que no me felicite nadie,




que mi alma sufre




con esta larga espera,




que mi alma sufre




a duermevela.

Veintisiete de diciembre (Número 163 b)

Y a qué dolor, hoy,

veintisiete de diciembre,

planto cara,

con esta prueba decisiva,

para mi futuro inmediato.

Con esta prueba,

que puede hacer de mi vida,

un castillo de naipes

que se destroza

en un segundo.

Con esta prueba,

que puede convertirme

en una luchadora

que se agarra fuerte

a esta existencia.

Con esta prueba,

que me puede darme

un gran cambio,


mi liberación, mi fuga.

Así que hoy,


desafío esta prueba,

con mucha garra, 

en esta mañana,

veintisiete de diciembre.

Curas (Número 246)

Pues, entre curas y curas,

esa dura espera.

Deseo que no suene

mi teléfono,

lo deseo

con la fuerza de mi alma,

que no suene,

que, si no, malas noticias

me darán.

Quizás… me llamen

para sentenciar mi muerte,

en días, en meses.

Quizás… me llamen

para que tome fuerzas

y, haga frente,

a una dura batalla,

que me salvará.

Quizás no,

quizás… mis células crezcan,

de manera equivocada,

yo lucharé contra ellas.

Que no me llame nadie

en unos días, por Dios

que no…que no.

No quiero congelados (Número 245)

Un día, otro día

y, así, de espera,

van once.

Y ves, como una nebulosa,

se levanta, entre tú

y entre la noticia

que esperas no recibir,

ni hoy, ni mañana,

ni pasado.

Y, así, se te hacen los días

largos y largos.

Y, hoy, mi teléfono sonó

a eso de las doce y treinta.

Me puse a temblar

y, cuando me dicen

que si quiero congelados,

los mandé al carajo;

lo siento no es día de

llamarme,

el mes que viene, quizás

te haga un pedido

en condiciones,

mas hoy no me llames,

adiós, “con Dios”.

¿Hasta cuándo? (Número 244)

Y otro día que pasa

sin oír ninguna llamada,

un día en el que me levanto

con ganas de huír.

No sé dónde ni cómo,

sólo sé que mi deseo

es no estar aquí,

corro para dejar atrás

esa llamada no esperada.

Cojo mi coche

y, en silencio,

pongo rumbo

a cualquier sitio,

no sé a cuál.

Mi mente ya no está,

se ha ido a otro lugar,

ha volado, ¿hasta cuándo?

aún no lo sé.

No me llamen (Número 242)

Y suena mi móvil,

un número no grabado,

por favor, no me llames,

el miedo se apodera de mí,

entra en mi alma,

dolores en mi cuerpo

con esa llamada,

descuelgo y ¡qué alivio!,

sólo un error,

Mari, amiga de mi sobrina,

de nombre se confundió.

Y hoy me libro,

gracias a Dios,

no me llamen, no me llamen,

no me hace falta…

por favor.