Matalascañas (Número 276)

Bárbaro este sábado,

me desplazo, con ganas,

hacia una bella playa,

playa de Matalascañas,

te llevo en mi alma.

Antes de pasar por quirófano

te visito, mis recuerdos,

me anclan a ser tu marinera,

a pasear por tu litoral,

entre tus olas y tu arena,

tan fina, tan dorada,

piel tersa.

Te siento en mi cuerpo,

cerca, aquí saboreo

tu belleza.

Tus olas me responden,

no me dicen adiós,

con su guiño, me animan

en mi sentido mal,

me esperan otra vez,

casi seguro.

Tu atardecer de princesas,

de sirenas en esta playa,

tan bella,

premio de la virgencinta

marismeña.

7 de febrero, analítica (Número 266)

Y, un siete de febrero,

comienza mi andadura,

camino nuevo, aventura.

Gran sorpresa,

en mi mejor momento,

ni siquiera,

he saboreado mi momento,

quizás,

engrandeceré mi alma,

buen premio, por cierto,

aún no justificado.

Y, lo mas fácil, hoy,

analítica, electro.

Pronto solucionado,

regreso a casa.

Y me siento grande,

fuerte,

un eucalipto perenne

anclado a esta tierra,

con la energía de una gacela;

así estoy yo,
con ganas de seguir,

no quiero derrumbes

que me manden a la agonía,

lucharé para estar aquí

viva, en la tierra.

Y aprovecharé mi vida…

lo que me quede de ella.

Ánimos (Número 264)

Llamadas, amigos,

familiares,

conocidos…

con ánimo y valentía,

con fuerza

para mi momento,

para el cambio de mi vida.

Ánimos de todas clases:

anímate,

todo irá bien,

reza, medita, no te dolerá,

ten fe,

aquí me tienes,

a tu vera,

pide, te acompañaré…

mi mano extendida para ti.

Y, mientras,

miro a mi alrededor,

todo tan extraño,

un nuevo barco,

doloroso barco,

en una tempestad

donde sobrevivir,

fundamental.

Y el dolor me llegará,

no hay escapatoria

por una puerta falsa

ni por una puerta de atrás.

Llega mi lucha,

fundamental,

agarraré el timón de mi vida,

fuerte,

con un golpe de esperanza,

para los que están

en mi barco

y para los que más adelante

llegarán.

Y, al mirar a mi alrededor,

no estoy sola,

mas sé,

que el dolor físico, mío,

tan sólo mío,

nadie se lo llevará.

Y que las raíces de mi mal,

aquí están,

no tengo claro si sanarán,

fuerza y valor,

no me faltarán.

Puede ser mi sentencia

de muerte,

quizás…

mas no me rendiré…

yo voy a luchar

Mis antepasados (Número 261)

En esta templada noche,

mis antepasados,

misteriosamente,

en mis sueños,

en una bola de luz,

han venido a por mí,

con espejos blancos,

donde me miro, sin miedo.

Y me llaman,

cada uno de ellos,

por mi nombre.

Y, mi padre, Manuel,

me abraza con su pecho.

Y, mi abuela, Mercedes,

me da besos y besos.

Y, mi querubín, Antonio,

me dice: mamá, te quiero.

Después,

los tres, sonrientes,

se me acercan,

con sus brazos extendidos,

me hacen un sillón de plumas;

en él, me siento

y, en un suspiro,

me suben al cielo.

Ellos me dicen

que llegó mi momento,

que si me quedo en la tierra,

vagaré sola,

que seré alma errante

que me perderé,

que estaré sola, sola…

Yo elijo estar con ellos,

en los cielos,

aquí volaré.

Y, para mí, será

una nueva tierra…

un paseo en bicicleta

voladora,

la magia de mis sueños.

Tú, lucha (Número260)

Tú, no te hundas,

no te conviertas

sólo en polvo,

no quedes, en la tierra,

quieta.

Sé fuerte,

con tu energía,

ave del cielo.

Tú, ángel,

que vuela con los pájaros

del universo.

Tú, ángel,

que vuela con la luz del sol.

Lucha en este momento,

con tu poderosa energía

subirás a los cielos,

recorrerás el mundo entero.

Sé fuerte,

alza tu vuelo,

viaja por el mundo entero.

Vuela, con tus alas

de ángel bello,

únete,

a todos los ángeles del cielo,

seguramente,

conoces a muchos de ellos,

si no, te aguardan

con sus brazos abiertos.

Lucha, con tu energía,

la victoria llega,

en la tierra,

sintiendo, latiendo.

Lucha, con tu energía,

la victoria llega,

en los cielos,

eternamente, siempre.

Lucha, vuela…

sé libre.

Si muero, junto a ti (Número 259)

Señor,

Tú no me has abandonado,

Tú me llamas

junto a ti, Señor.

Contigo,

fortaleceré mi alma,

creceré a tu lado,

tu luz, me alumbrará

en esta enfermedad.

Señor,

no me sueltes de tu mano,

yo me agarraré fuerte a ti,

miraré tus ojos con fe,

seguiré tus pasos,

si vivo, a tu vera,

si muero, junto a ti,

Señor.

Énfasis (Número 258)

Hoy, un jarro de agua fría,

se desliza por mi cuerpo,

¡ qué triste noticia !

espero, en pocos días,

una operación.

Un médico,

con experiencia,

me da estos resultados.

Al principio, no lo creo,

será un error, yo pienso.

Y, él, me mira sereno,

enfatiza mi nombre

y me lo afirma,

sí, soy yo.

Pronto iré para quirófano,

muy pronto.

Y, con suerte,

saldré favorecida.

Y, todo,

en un futuro incierto,

por una dura enfermedad;

nadie quiere nombrarla…

puede sentenciar tu vida.

1 de febrero (Número 257)


Y, un médico, para mí,
desconocidoy, a la vez, conectado,me da una triste noticia,con la claridad,
de un día de verano.Me mira de frente,
como alguien conocido.Y me comunica,que dentro de lo malo,lo mejor.Muy pensativa unos segundos,interminable momento.
Y le digoque acaba de darme,mi sentencia de muerte.
Y, él, lo entiendo,
le resta importancia.Y, según me dice,por estadísticas,
desaparecen de esta vida,
en un instante,
más personas atragantadas,
más personas en accidente, que por esto. En verdad,¡qué preparado que está!normal.Después,pasa a explorarmey, me dice:¿por qué no me miras?abre los ojos, mírame.Yo, con un nudo en la garganta,con el corazón encogido,
le digo:
no puedo,estoy llorando.Y, mis lágrimas,
por mis mejillasresbalan hasta la sábana
de la camilla.Después,papeles y papeles,peticiones para pruebas.En principio, tres de ellas.Y, justo cuando me lashagan, mi intervención. Me despido con agrado
y, con media sonrisa.Al rato, vuelvo,
compañada.Y,  este doctor,
nos confirma la sospecha.Y, él, nos dice…mira… yo que quisiera.