Cruces (Número 928)

Punto a punto,

enemigos de otro mundo.

Control de los avisperos

en una histérica candela,

perdida,

en los lagares de una mina.

¡Santo! perspicacia,

de los lamentos inesperados,

de una angustiada

sombra de cruces,

entre las estrellas incandescentes,

de una abierta luna

que interesa

al control móvil

de los cambios de la vida

en sus fases menguantes

y, en los locos poderes,

de unas manos gatillantes

que sorprenden como antes.

Sedación (Número 914)

En estos casi dos años

de grandes cambios,

en mi vida de «no princesa»

el llanto,

se amontona, sin tregua,

en las localidades primeras,

de mi gran escenario.

Las dos filas de delante,

se la pasan, llorando, al raso.

Las filas de detrás,

no se dan cuenta,

de los grandes detalles

y solo se fijan,

a grandes rasgos,

de lo mal,

que lo estoy pasando.

Las filas laterales,

aún recuerdan,

la mirada, desde otro ángulo

y, esperan, una tregua.

Los del gallinero

todo lo dan por perdido,

no quieren estar los primeros,

el mundo ya no es de ellos

apuestan, por una serie nueva

que los saque del atolladero,

que les alumbre a toda vela,

sin las toneladas de tormentas,

viscerales anacrónicas,

de un despuntado escenario,

que hace llorar,

hasta el más insensible,

de los desarmados.

Y fuera del llanto,

sedada, estoy yo,

a puertas de otro cambio,

¡ilusiones en mis manos!

¡carta blanca de mi amparo!

Crudeza (Número 912)

En un triste suburbio,

personas, en su silencio.

Caras de miedo,

de sufrimiento intenso.

Cabezas, con pañuelos,

estómagos tintóreos,

pelucas y sombreros.

El tiempo no se apiada,

más y más personas,

en esta tristeza monumental

que llena, la cabeza,

con palabras,

como «fuerza», «valiente», «guerrera».

La vida que dura, a veces,

un soplo de aire fresco.

Respirar, con mejores curas

para dar, sepultura,

a esa odiosa palabra.

Nadie se atreve a nombrarla,

¡rasga en los cuerpos!

¿Cómo acabar con eso?

una locura entra por dentro,

¡te devora!

Un tenaz adversario

y, si te libras de él,

te conviertes, en un triunfador,

¡de los más grandes!

Valiente, por la marca,

que te ha dejado.

La victoria es dura,

la recompensa,

¡aliviadora de personas!

¡una vida segunda,

a tus pies!

¡celébralo!

Y, vive, cada día,

¡en una fiesta!

Corpore sumptum.

(Crudeza en el cuerpo).

Invalidante (Número 907)

¡Qué dolor en mis costillas!

¡Rasero de una mala vida!

¡Duro trabajo

entre pecho y espalda!

¡Por poco sueldo!

Mi vida, trabajar y trabajar,

diariamente,

Suerte, tendré,

de no quedarme invalidante,

por este camino de escarcha.

¡Frío!

¡Dolor!

¡Calor!

¡Peso!

¡Sufrimiento!

Todo me acompaña

en mi trabajo aventurero.

¡Colapso de mi cuerpo!

Y, este momento,

me ha enseñado:

¡la fatiga de un trabajo!

¡la carga de una batalla!

¡el cansancio!

¡la hondura de mi pesar!

¡el laberinto enjaulado!

¡la vida no ha terminado!

¡el freno en mis manos!

¡el cambio de mi rumbo!

¡no esperaré ni un segundo!

El cuervo no llegará (Número 900)

¡Cómo he respirado hoy!

¡Tranquilidad,

a las cuatro de la tarde!

Después de tumbarme

y mirar,

un falso cielo estrellado,

donde,

la única luz que brillaba

era la de mi corazón,

con una buena noticia,

¡qué respiro tan grande!

¡cómo me he liberado!

¡las trabas me las he quitado!

¡los grilletes he destrozado!

He abierto, una puerta grande,

para ver,

un cielo azul, bordado,

de cuentas y paisajes

de lindos figurantes,

para quedarme, en la tierra,

por los años venideros

hasta no poder caerme,

de este cielo aventurero

que, me hace,

la mujer, más feliz,

del mundo entero.

Cada vez que presento

una nueva cuenta,

dentro de las mazmorras,

del opaco negro manto,

con los cuervos, que se paran,

buscando manjares nuevos.

Yo, cada vez,

se lo pongo más difícil.

¡No quiero darles ese gusto!

¡Les va a costar mucho trabajo!

Mis fuertes y olorosos conductos,

me harán, gritar fuerte.

¡me darán poderes!

hasta el final,

de una batalla perdida,

en la tierra,

para alcanzar,

una mejor meta.

Y, con mis manos,

tocaré,

la gloria entera.

Venire non posset corvus.

(El cuervo no llegará)

Octubre rosa (Número 852)

¡Fuerza! ¡Fuerza! ¡Y más fuerza!

¡Que nada te pare!

¡Que nadie te pare!

La zancadilla, te la ha puesto,

esta dura vida.

¡Tú, darás el salto, hacia la salida!

¡Tú, lo harás, con gran valentía!

¡Fuerza! ¡Fuerza! ¡Y más fuerza!

¡Tu lujo, nacer un nuevo día!

¡Tu lujo, sonreír a la vida!

Y, ese lujo, ¡es tuyo! ¡te pertenece!

¡Tus días malos te hacen guerrera!

¡Arranca el dolor!

¡Sácalo fuera!

¡El tiempo te recupera!

¡Sigue dura!

¡Fuerza! ¡Fuerza! ¡Y más fuerza!

¡El cáncer de mama se supera!

¡Valiente! ¡Campeona!

¡Gran guerrera!

¡Tu lucha te cambiará!

¡Caminarás de otra manera!

¡Sentirás sensaciones nuevas!

¡Fuerza! ¡Fuerza! ¡Y más fuerza!

¡Por todas nosotras!

Salud (Número 784)

Una carta, una cita,

un día, otro día,

¡sin esa carta fantasma!

¡no está en mis manos!

¡no me ha llegado!

¡no me arriesgo a perder

mis papeles!

Frente a mí,

¡una decisión!

¡llegar!

¡sea como sea!

¡Me obliga la necesidad!

¡Me presentaré,

sin esa dichosa carta!

¡Necesito una explicación!

¡Alguien aclarará mis dudas!

sin duda.

¡Por supuesto! ¡Claro que sí!

Y, ellos, me dicen:

¡vete a tu casa! ¡tranquila!

¡tendrás, en unos días,

la respuesta!

Yo no les hago caso.

¡Necesito respuestas!

¡Sí! ¡Respuestas!

¡Con la salud no se juega!

Urdorf (Número 775)

Algo grande se me ha partido,

mis lágrimas fluyen

entre la noche y el día,

engañosas,

ante los mismos oídos

y, los mismos ojos tuyos.

Mientras, tu pose,

acostado,

entresijos, de un mundo nuevo,

que se te ha presentado,

¡fanático loco!

Te has postrado en él,

igual que un desesperado,

mirándome, por el entrecejo,

como alguien desvalorada,

entre las rosas del jardín de Cupido,

ni tan siquiera, esperas mi marcha,

entre los líquenes empolvados,

de mi nuevo mundo;

éste se me ha terminado.

Me miras por encima del hombro,

malhumorado.

Tus rajas,

ondas dentro de mí,

me han despedazado;

tu traición, aún más.

Y, en Urdorf,

ante las telarañas,

de lo que tengo delante,

entre las fuerzas de un día

y, las desganas de un mañana,

con una leyenda en mente

y una locura estridente.

¡Yo, aún caliente!

El más allá (Número 770)

Peldaño a peldaño,

a veces con placeres,

otras, con duro trabajo,

mi vida voy marcando.

En los años de mi niñez,

los ruidosos resbalones,

las heridas, las caídas,

los coscorrones,

«esos años de travesuras»

con mis amigos en la calle,

en mi mente,

– hoy me lo paso mejor que ayer.

Después,

mis bailes en los guateques,

en las fervientes discotecas,

«flipando con mis amigos»

todos juntos, en pandilla.

Conozco al amor de mi vida,

poco a poco,

los agradables besos,

los arropadores abrazos,

mis hijos, van llegando,

tres soles primaverales,

el padre, el hijo y el espíritu,

mi Trinidad he completado.

Esfuerzos con mi mente,

con mis fuertes brazos,

mi corazón siempre abierto,

una gran sonrisa en mis labios,

ni siquiera,

la mala enfermedad,

me la ha quitado.

¡No quiero perder mis costumbres!

¡Un rico café con mis amigas!

¡Un buen baño con mis hijos!

¡Una estupenda cena!

¡Una interesante tertulia!

¡Una relajante merienda!

¡Unas risas con mis nietos!

¡Una noche con mi amor!

¡Una caricia a mi madre,

tan mayor!

¡Vivencias de mi camino!

Y, tras mis derrumbes.

mi bajada en picado.

Delante,

¡un macabro descalabro!

¡solo a un paso!

¡atravesar esa puerta

que me lleva al otro lado!

¿Qué hago?

¡Nada!

¡Vivir con una sonrisa en mis labios!

¡No puedo cerrar esa puerta!

¡Abierta de par en par!

¡A lo grande!

Mi deseo,

¡la postergación para cruzarla!

Y, ese histórico momento,

mi conciencia,

lo acepta,

con respeto, con calma.

¡Mi entrada por esa puerta!

¡La puerta grande de la vida!

¡El momento de mi despedida!

Yo, la quiero cruzar,

¡Con mucho amor!

¡Con gran alegría!

¡Con total complicidad!

¡La sencillez de la vida!

Manuela (Número 766)

Altura, más altura,

los cielos, me buscan,

en la noche oscura

de la sepultura de mi fiel amiga.

Siento su presencia,

ahí arriba.

¡Jamás dejaré que te pierdas!

Y, entre las esferas de las fuentes,

tu alegre sonrisa,

fluye hacia mí.

¡Jamás permitiré que desaparezcas

del jardín de los cielos!

Lo abonaré

con frutas, con caramelos,

con mi alegría,

para verte cada día,

¡amiga de mi alma!

Tus baladas, tus poesías

¡no me abandonan ningún día!

Jugaré contigo como los niños,

con inocencia,

con la suerte de ganar,

con la mala suerte de perder,

sabiendo que me esperas,

¡Te quiero tanto amiga mía!

¡Mi amiga Manuela!

Pompas (Número 765)

Una pompa de jabón

se desvanece, a los ojos,

de un mundo fuerte.

Ahí va ella, bella,

tan endeble.

Su solución,

dura unos segundos.

Su explosión,

asombra.

¡Los niños gritan!

¡Quieren más pompas!

¡Qué felicidad!

¡Sus caras de inocencia!

¡Soplos de los mayores!

¡En sus corazones, sus vivencias!

¡Fiesta para todos!

Eso, ¡no tiene precio!

Las pompas de jabón,

unas tras otras,

van saliendo,

desapareciendo…

Y, al igual,

nos vamos de este mundo,

(cual pompa de jabón)

Atrás, las risas, los conciertos,

las acciones de los compañeros,

¡las nuestras!

¡gran empeño!

Las pompas desaparecen,

otras, van surgiendo.

La alegría fluye,

los soles, vibran con fuerza.

Mi gran viaje, comienza;

te espero tras la puerta.

Allá, mis pompas,

¡música sublime!

¡grandiosas

en la esfera celestial!

Recuerda, al llegar,

¡busca las pompas!

Allí, estaré yo…

Fotografía Pexels

Humo (Número 763)

Aire, luz, cordura,

entre las costuras,

de mi alma rota

y, de mi corazón,

pendiente de un hilo invisible.

Todos, ajenos,

al temblor de mi espíritu,

¡ingratitud de una vida dura!

Relámpago en mi cuerpo,

matando, mis alegrías.

Mis cosas buenas,

¡amargas!

El miedo me recorre

cual espejo de gatillos.

¡Pistoletazo!

¡Regueros de sangre!

¡Mis latidos, en ascenso!

¡Mi corazón, en detrimento!

Pulcritud,

despiece de tantos lamentos,

en los días, tan malos,

que me van viniendo.

El descanso y la suerte

se me desviaron,

entre los campos salados,

de un lejano asfalto.

Y, entre mis manos,

esfumado.

el humo, de un acabado cigarro…