Reguera de dolor (Número 339)

¡Calambres! ¡Calambres!

¡Calambres en todo mi cuerpo!

He tocado un cable

de alta tensión,

me deja pelada.

Un cambio en mi vida,

estoy que ardo.

¡Calambres! ¡Calambres!

¡Calambres en todo mi cuerpo!

Un gran quemazón

recorre mis venas,

¡estallan calambres!

¡calambres!

¡calambres en todo mi cuerpo!

Mi protección

no me ha servido de nada.

Y pongo, la cabeza,

sobre mi almohada,

no cojo el sueño.

Una dura batalla,

traspapela mi vida,

en una amargura dolorosa.

¡Quién pudiera borrar

algunos fatídicos días

de mi calendario!

¡Se me cierran

mis conductos!

Sin respiración,

mi cerebro alicaído,

pájaro perdido de su nido,

ante una impostora,

con su daño, sin cautela.

Quizás,

presente mi dimisión

ante mi reguera de dolor

que, comenzó,

un triste uno de febrero.

¡Maltrecho día!

¡Fuera de mi calendario!

¡Quiero borrarte!

Que alguien me enseñe

cómo hacerlo,

sin dejar este universo,

por favor.

¡Calambres! ¡Calambres!

¡Calambres en todo mi cuerpo!

Hipocresía (Número 334)

Hipócritas, hipócritas,

el mundo…lleno de hipocresía,

una verdad de la vida,

mucha hipocresía,

un círculo vicioso,

falsas personas

te consuelan,

falsedad en su mente,

quizás, no en sus corazones.

Y pasan de ti

en todo momento.

Tus problemas,

le importan un pimiento.

Y, otra vez, te dirán lo siento…

cuando al darse la vuelta

o, quizás antes,

una falacia todo.

Repletos de hipocresía,

hipócritas…hipócritas,

yo lucho,

yo…no quiero serlo.

Fuera del telón (Número 329)

¡Me duele, esta noche,

mi vida!

Delante de mí,

una nueva enfermedad.

Comienza,

mi estancia hospitalaria;

incógnita rara,

en una noche machacada.

Dolorosa noche,

de ostras contaminadas,

ante un destrozo mío.

Y, con una lúgubre miseria,

con faltas en mi coyuntura,

me relego a un solar,

sin estirpe ni aventuras.

Y, con esta cruel droga,

enfermiza droga,

mis mieles, me postran

en una calmada estrella,

con un subidón,

fuera del telón de mi vida,

de mi pobre vida.

Poco a poco,

un mal final,

o, un buen comienzo.

¿Quién sabe…?

En pocos días,

lo sabré.

Y, quizás,

hasta pueda contarlo.

Cualquier momento (Número 325)

Algo me maltrata,

mi cabeza bajo sus posesiones,

alfileres en mi nuca,

deshuesado mi cuerpo,

obviando,

mi talento y mi figura;

deshaciendo mis conexiones.

Y, en mi mala racha,

busco una salida,

en este pernicioso momento.

Derribos monstruosos,

en cada una de mis células.

Me atolondro,

en este momento,

para mi liberación.

Y, mi malestar,

lleva mi pensamiento,

a una salida, a una evasión,

que no prolongue, mi amargura.

Llega mi momento

y, mi acto, se consuma.

Despierto de este enredo

deslumbrando mi mente.

Momento sin precedentes.

«Omni tempore».

(Cualquier momento).

Perder la cabeza (Número 322)

Déjame vivir contigo,

en el trasiego de mi vida,

en mis idas, en mis venidas.

En busca de una salida justa,

en este trajinar,

de temperaturas extremas,

donde me llega, con fuerza,

lo malo;

no se retira de mí.

Lucho a mi manera

y, ante tu mirada, me pierdo,

por este camino de guerrera.

Honro tu positivismo,

cuando me hablas,

de lo que, tú, mismo piensas.

Me desnudas,

con tu brujería interna.

Me haces el amor,

con una frase que me quema.

Me acurrucas, junto a ti,

como a una luna nueva,

sin importarte mis pérdidas,

sin lástima, por tener,

ante ti,

una perdedora extrema,

en esta injustificada vida

que, llevo, de miseria en miseria.

Amissis caput neum.

(Perder la cabeza descaradamente).

Encrespado (Número 321)

Mandrágora de mi amor,

te espero, bajo el árbol

de la vida eterna,

con una taza

de chocolate blanco

y un pastel salado.

Me convertiré

sin, otra Patagonia perdida,

en un sable de luz

para cuidarte aquí

y en la gloria del paraíso.

Te llevo, en mi corazón,

vaya donde vaya.

No te he olvidado,

mi amor.

Sigues aquí, encrespado.

(Eyaculación post mortem)

Dura montaña (Número 318)

De nuevo me llaman,

a eso de las nueve,

una cita programada,

¡un tac!

Un contraste yodado,

recorrerá mi cuerpo;

se verá todo detallado.

Otro preparativo

para mi operación.

El uno de abril,

ese tac,

permitirá que me adentre,

en ese quirófano latente,

donde, la vida,

parece detenerse,

con esos profesionales,

tan profesionales,

que me aguardan allí.

Me queda menos para terminar

o para comenzar.

¡Un nuevo comienzo!

¡No debo hundirme!

¡Fuerte contra ello!

¡Lucha pura y dura!

Así que, hoy,

deseo que llegue ese día,

para subir, en breve,

esta montaña, tan dura,

que tengo frente a mí.

Ocho de marzo (Número 311)

Ocho de marzo,

día de la mujer,

antes de las nueve,

una llamada.

¡No sé quién será!

¡Descuelgo!

¡Una voz desconocida!

Para hoy mismo,

una cita médica.

¡Me pongo las pilas!

He de llegar, al hospital,

a las once, más o menos.

Mis hijos me acompañan,

¡buena escolta!

A las once,

mi doctor, frente a mí

con una noticia:

pendiente una operación,

Más tarde,

una conversación

con mi cirujana,

¡me da una vibración estupenda!

Responde a mis preguntas,

con claridad, con dulzura.

Me cuenta todo el proceso,

con una particular sonrisa.

Se desprende su agrado,

en cada palabra,

en cada gesto.

Un momento de silencio,

me quedo pensativa.

Después,

una fecha en el aire,

me toca esperar,

seguramente, unos días,

¡todo casi preparado ya!

Me siento positiva,

mi única esperanza,

mejorar.

Ahora, espero tu llamada

administrativa Pilar,

¡gracias por tu amabilidad!

Solo mío (Número 310)

Ando por donde quiero,

tengo todo en la vida,

¡el gusto es mío!

Saboreo, con mi alma,

la victoria que se me acerca,

¡el gusto es mío!

No me rindo, ante esta causa,

que destroza tanto,

¡duro con ella! ¡yo puedo!

Esta comparsa,

detiene mi cuerpo físico,

no mi espíritu, que crece,

a la velocidad de un rayo,

que me zumba, por dentro.

Con ella, aprendo,

disfruto del camino

que, a un lugar bello,

me lleva.

Aprendo a volar,

vuelo,

¡el gusto es mío!

Tan fuerte (Número 307)

¡Fuerte!

¡Muy fuerte!

Con una venda,

en mis ojos,

yo, lucho.

¡Fuerte!

¡Muy fuerte!

No me verás llorar,

mi venda,

oculta mi llanto.

Y, mis amargas lágrimas,

me fortalecen.

¡Fuerte!

¡Muy fuerte!

Yo lucho, cada día,

en mi guerra,

aún, no perdida.

¡Batallas ganadas!

¡con dolor! ¡con gloria!

Yo lucho,

¡fuerte!

¡muy fuerte!

¡con una venda

en mis ojos!

¡con un cerebro

de acero!

La dureza de mi realidad

me lo exige,

¡una venda! ¡el acero!

¡Fuerte!

¡Muy fuerte!

Mi suplicio (Número 306)

¡Sufrimiento!

Sufrimiento

llevado al extremo.

Un tornado de dolores

instalado en mi cuerpo.

No soy quien yo era,

con esta carga en mis venas.

¡Sufrimiento!

Sufrimiento,

mi suplicio,

una cura antes de tiempo,

antes del empeoramiento,

antes que, mi enfermedad,

me traicione.

Sé que, mi cuerpo,

luchará mientras pueda,

con fuerza interna,

con fuerza externa.

¡Sufrimiento!

Sufrimiento,

¡márchate de mi vera!

Ese apoyo (Número 303)

Juicio de mi sobria batalla,

mis comienzos,

en un hospital comarcal,

una doctora estupenda,

su nombre, Gema.

Me mira, cierro mis ojos,

hurga en mi cuerpo

con soltura,

experiencia le sobra.

A su lado, una estudiante,

seguro que algo aprenderá.

Y una auxiliar

que apunta maneras,

cariñosa, recta.

Hoy, un estupendo equipo,

para ver mis células,

clavan una gran aguja gruesa

y cogen más de una muestra.

Y, la consulta, llena.

Hablo con una señora positiva

¡qué encanto!

¡qué ánimos que me da!

Y, a la salida, no la veo,

se ha marchado antes que yo.

Y, allí, mis primas,

ya han ido por mi camino.

Y me acompaña mi hijo,

él me apoya con cariño.

Y le cuento lo que mi doctora

me ha dicho:

puede haber cambios,

tu diagnóstico, en el aire,

la culpa, un nuevo hallazgo…

y, yo,

me estoy volviendo loca.

Y, mi amor,

en la distancia, me dice:

tú, positiva,

no va a ser para tanto,

la suerte de tu lado,

todo será un milagro,

tu milagro.

Y llego a casa

con dudas en mi cabeza,

aún así,

mi cara no lo refleja.

Y, mi madre, me espera

sentada en la puerta.

Y asustada me dice:

hija mía,

¿qué te han hecho?

¿vienes bien?

acuéstate tranquila,

no te vayas a mover,

yo te ayudaré.

Y, yo, con gran pena

y con este poema,

os digo:

muchas gracias a todos,

necesito vuestro apoyo.

Impoluta (Número 300)

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo,

con esta racha de pesquisas

en mi vida.

No supero la pena

de mi enfermedad.

Mal paciente,

sin engranaje, sin constancia,

sin hilos, sin costuras,

con gran cantidad de dudas.

Me aturde mi diagnóstico

de locura,

tan cruel, tan tosco

y con tan poca cura.

Me ha tocado,

una sombra que me abruma.

Y, en mi mundo, pienso

en mi sepultura.

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo.

Y hasta, quizás,

tenga cura.

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo

mas, yo, lucharé impoluta.

Esperanza (Número 297)

Pensamientos raros,

dentro de mi cuerpo,

con esta enfermedad,

¡ataca por sorpresa!

Creo que, mis antepasados,

me quieren con ellos.

¡Lo afirmo!

Seguramente, cierto.

Y, en mi espíritu,

esa marca,

esa idea,

la justificación

para mi mal, al cual,

no encuentro,

un significado terrenal.

Solo un significado celestial,

me hace digna,

en este tortuoso camino

que tengo delante.

¡Camino de cambios!

¡De dolores! ¡De pérdidas!

¡De sufrimiento!

Sé que un dolor,

tan grande,

solo es posible,

en algunos seres,

los escogidos,

¡no al azar!

para sufrir, sin quejas,

soportando todo,

con la esperanza,

de que sirva, en un futuro,

para los hombres

de la tierra.

Una cura será posible,

¡seguro! ¡en un futuro!

No miraré atrás (Número 296)

¡Qué mala noche!

¡Picores en mi cuerpo!

¡Sueño despierta!

Mis anhelos, en secreto.

Mi mágico mundo,

con mis amuletos,

con mis estampas bendecidas,

con mis canciones favoritas

y, con mi amor,

a esta vida,

a este paraíso

que, tanto, me gusta.

A veces, la vida,

en mis sueños,

se me va.

No puedo detener su escalada,

casi sube a los cielos,

¡no puedo pararla!

¡no puedo!

Siento mi hora de volar,

mi despedida, de todo,

lo terrenal.

Solo pienso en mi descanso,

en mi futuro descanso,

eterno, casi seguro.

Y esperaré,

a que las estrellas,

me hagan un guiño.

Las seguiré,

con mi deseo de volar.

¡Volar hasta el firmamento!

¡No miraré atrás!

Así,

no veré lo que aquí dejo.

Amores míos,

yo, siempre,

¡os seguiré queriendo!

incluso, en mi vuelo.

Veintisiete de febrero (Número 290)

Casi tenía un golpe lidiado,

¡se me presenta, otro,

de menor tamaño!

No sé qué idea traerá,

quizás, venga,

con más maldad.

¡Fuerte contra él!

¡Resistiré con alegría!

Una resistencia fuerte,

cada día,

en esta lucha.

Esta batalla me ha elegido

y nieva, mi cuerpo,

con malas flores.

Mi bravura,

en esta lucha,

me acompañará,

¡una dura lucha!

¡Nevadas sin condiciones!

¡Han llegado por sorpresa!

¡Clavos por mi cuerpo!

¡Una vida nueva!

¡Voy a la guerra!

¡Mi guerra!

Una causa, de genocidio,

no deliberado,

en todo el mundo.

¡Valentía!

¡En pie de guerra!

Esta sana lucha,

será hasta el final.

Compañeros de viaje,

¡todos con ella!

Grises (Número 286)

Mientras la vida sigue,

a mí, se me ha detenido

mi tiempo,

¡en un solo segundo!

¡se me ha paralizado!

La vida, me da,

¡el tinte de los grises!

con un toque,

de sabor amargo.

Por mucho que hurgue,

¡no vuelco esta situación!

La solución,

¡no depende de mí!

¡no!

Llena de tristeza,

con mi ánimo,

que ha bajado a los suelos,

¡el día se me hace eterno!

Mi sufrimiento,

¡por dentro!

No quiero perder,

un rayo de esperanza,

para ganar, esta batalla,

que me ametralla.

Mi necesidad,

¡vestirme de colores verdes!

¡alegrar mi vida diferente!

¡no darme por vencida!

¡mirar al milagroso cielo!

y, gritar,

¡todo lo que yo te quiero!