Frío (Número 234)

La mayor de las penas

hoy, en mi alma.

Me siento mal, todo,

por un vuelco atrás,

en este sortilegio

de nuestro romance.

Nuestros besos muertos,

con el frío de un cadáver,

“algor mortis” (frío de

muerte),

sin sangre, sin sudor,

con lágrimas de desamor,

destrozos de la pasión.

¡Qué pena me da!

este mal talante tuyo,

de un extremo radical,

tanto me da que pensar.

Y para colmo, tu frase,

estas palabras tuyas,

dichas esta misma noche:

“yo es que no te quiero ya”.

Amnistía (Número 166) Soneto

Triste, con mis ojos en tu ventana,

observante de tu conversación,

me abrazo a la desilusión,

mi exposición a quizás mañana.

Con mi bestial exhalación humana,

con haz de mi luz a tu compasión,

por ruín callejón, sin

dilación,

avispada mi enfermedad emana.

Justo en mi cárcel tu amargor,

a diario, víctima de tu penal,

vencida por desaires sin tu amor.

Tullida por la quietud terminal,

dueña de tus escenas de actor

y amante de mi dolor triunfal

Impacto (Número 160) Soneto

En mi alma, sangre con fría candela,

con sufrimiento de mi esternón,

con el catéter de tu alta tensión

mi creación, tu cara de canela.

En tu búsqueda por la ciudadela,

en tan recóndita

superstición

y dentro del mar de la perdición,

con el caos de las noches en vela.

Los besos de tu olvido,

patraña

con la necedad de tu

embestida,

mortíferos abrazos de tu maña.

El maleficio cerca de mi

vida,

tantos sinsabores con tu calaña

que me hunde tu desamor

suicida.

Intensidad (Número 159) Soneto

Y este escozor dónde se halla,

un escozor cerrado y profundo

tan mortificador y moribundo,

sumo devastador de mi vitualla.

Un escozor máquina de mi batalla,

como un huracán de inframundo,

letal daño en un microsegundo,

para mi cuerpo, caliente metralla.

Válida parca de mis comprensiones,

con tanto pesar en tu testimonio,

rudo asesino de mis vastos dones.

Con tu amor de traición, tu

demonio,

huella de mis dormidas conexiones,

crispadas por tu disgusto esclavonio.

Imponente (Número 154) Soneto

Pétrea y difícil mi

retirada

de una jaula de barras con

estaño,

de una trampa cruel con tu

engaño,

tan constante en mi

corazonada.

Rollos de mentiras en tu

bancada,

con palabras y cuentos de

antaño,

con el viento de cada

travesaño,

colmo de tu pésima

chiquillada.

Condominio de mi

sofocación,

desbordante por tu vida

oscura,

mi letargo ante tu

desazón.

Tu desinterés, mi

degolladura,

con dolor en mi abatido

filón,

tú me llevas hasta mi

sepultura.

Soez (Número 153) Soneto

Mis ilusiones, fuera de tu

talla,

por el heraldo que hablas por

ahí,

mentiras y blasfemias sobre

mí,

la descortesía en tu

batalla.

Tu corazón, padre de una

muralla,

sordo al calor de mi

popurrí

después de que, por él, me

abatí,

tú posas tan indolente,

canalla.

Atónita por tu insulto,

ingrato,

extrema inquietud en esta

barraca,

soliviantada por ese

maltrato.

Pésima naturaleza,

opaca,

ciega por el llanto hacia tu

trato,

por el yugo de tu injusta

estaca.

Influencias (Número 140)

Alicaida me siento,

simbiosis de tu tormento,

postrada en tu mundano

y egoísta tesoro,

expletivo tesoro.

Con tu condimento

sobre mi cosmos,

ecuánime sedición

de nobles barcos,

indígena porteadora,

perdí,  secuazmente,

mi última batalla.

Y , sólo,

por dejarme influenciar

por la mentira de tu vida.

Resistencia (Número 132)

Entre cristales de tintes

nublados,

entre espejos lúgubres

malditos,

perdida en espacios

infinitos

de incontrolables

acantilados.

En espacios equívocos, sin

hados,

con momentos maleantes,

marchitos

y, por todos tus engaños

suscritos,

el trancazo a todos mis

candados.

Desventurada en cada

caída,

por tu abandono y tu

quietud,

virtual caleidoscopio de tu

huída.

Y con mi savia sin tu

plenitud,

con rasgados de una caza

vahída,

libérrima en mi

esclavitud.