Mercedes
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Otra oportunidad (Número 924)
Bajo el palisandro, nos abrazamos, con las encendidas ascuas, en una primavera salvaje, con los corazones, entre limpios manantiales de amor y, con nuestros cuerpos, expectantes de un mundo nuevo, con amores de salvación. Tus manos, sobre mi espalda, con el coraje, con la sensualidad que te caracteriza, en las alturas, de una verdadera, sensación…
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Lecciones (Número 923)
Una ruleta, mi vida abajo, gira y gira. Encuentros en una fase perdida, espirales de personas que, en la rueda, giran que te giran, entre las más fervientes ensenadas con cataplasmas internos, culminando, en los espacios almácigos, de una limpia cordura, pintones de los círculos empedernidos, con emociones de cordura, postrados, hacia una ventana de…
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Funerales (Número 922)
Horrible situación, fantasías añejas, en una noche de no perdón donde duele el corazón. Un puñal clavado con cizaña y escolopendras, lo más horrible del momento. Aledaños por mi cuerpo, me duele hasta el alma, este sufrimiento intenso, daña lo más valioso de mi vida, el amor verdadero, ¡cuídalo! ¡aléjate del mundo falso! Tienes a…
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Pérdidas (Número 921)
Punto a punto, el pez, de luto, colocado, en las esquinas de una raza de miras, construidas, por la grandeza verde y móvil, de unos árboles inmóviles, en sus raíces fósiles, donde la luz del día, empoderada con, la marcha de las voluptuosidades incandescentes, entre las miradas perdidas, de los pozos diferentes, encontrados, en las…
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Alquimista turco (Número 920)
El alquimista turco, con su pócima interesante, cada noche, sin dormir, posee, entre sombras doradas y azules azmicles bajo, el idílico lugar de un valle verde, con pinceladas rosas de vergeles, a esa especial mujer de pechos endebles y de cálidas piernas. El jardín especial de ellos, lo mezclan, con sus pasiones de fuentes inacabadas…
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Celedonio (Número 919)
Celedonio, Celedonio, dime cómo te pongo el lazo rosa que me regalaste, después, de los días de insomnio, cuando te besé, delante de los dioses del jardín de la vida, en aquella bendita estancia que forjamos tú y yo, encima de un frondoso árbol, para ver, el sol y las estrellas, libres, del murmullo contaminador…





