Kundalini (Número 89)

Nuestro nivel de amor, tan superior,
burbujeante, con semillas de oro.
Mi ser accesible a tu tesoro,
trina mi cante adormecedor.

Con tu espíritu, verbo curador,
con miel untas mi núcleo sonoro,
el trotar en mis venas, me acaloro,
vapores en mi sangre, turbador.

Tu presencia con estelas aliadas,
lazos de amor en los chakras, sin trozos,
compartimos elogios a manadas.

Kundalini vibrando a sollozos,
dos salvajes serpientes desatadas,
sollozando al alba, son abozos.

Solo uno (Número 87)

Solo te hice un poema,

¡solo uno!

¡qué difícil!

¡no saldría perfecto!

¡imposible!

Solo

un poema para ti,

amor de mi vida,

¡no soy capaz de más!

Tanto te amo,

que no me cabe

en un soneto,

¡quedaría

incompleto!

Tanto te amo

que no me cabe

en una décima,

¡quedaría imperfecta!

Tanto te amo

que no me cabe

en un terceto,

¡ni siquiera en un cuarteto!

Tanto te amo

que no me cabe

en un romance,

¡sería un desastre!

Cielo mío,

¡no sé cómo decirte

lo que yo te quiero!

por eso,

solo te hice un poema,

solo este poema

para decirte, amor mío,

lo que, yo,

no sé decirte.

Especial (Número 84)

Confecciono de noche un colorín,

celestiales serenatas casidas,

esperan crisálidas renacidas,

sombras para el lienzo de mi jardín.

Gustoso estruendo en mi querubín,

veo tu nexo en todas mis salidas,

junto a las ánimas bendecidas,

tolerantes de nuestro serafín.

Clarea mi almohada cristalina,

tu luz con su mixtura jaquelada,

la tez de tu lagar se me avecina.

Trascendental dentro de mi morada,

sanas mis males con tu medicina,

con hálito de tu fresca balada.

Simiente (Número 81)

Si es que yo bailo a trochemoche,

contigo, en mis sueños fantasiosos.

Si es que, con abrazos espirituosos,

me acerco a ti sin ningún reproche.

Si es que vives en mi anteanoche,

vespertino culmen, trances fluctuosos

con esos sermones estrepitosos,

luces salvajes de dorado broche.

Si es que das aire nuevo a mi mente,

inhumación a mis difuntas penas,

ya demolidas por tu amor ardiente.

Si es que barrunto mis noches

buenas,

las venideras, mi real presente,

las de tu ser boreal de azucenas.

Alma (Número 79)

Tu valle, habitáculo del
sol,
atardeceres de raíces
fuertes
y con despliegue de hojas de
suertes,
convertidas en flores de
charol.

Calzas un valle de amor,
timol,
caléndula para que no lo
entuertes,
homenaje para mis
contrafuertes,
cristales en mi ser de tu
mentol.

Gloria en este valle
sanador,
flores en tu curtida
inspiración,
de regalo, tu vientre de
color.

Y te unes a mi aclamación,
serpenteas mi halo
inspirador
con llanos y surcos de
curación.

Realismo (Número 78)

Por ti partiré, sin más
dilación,
dentro de mi barco de amores
magos,
en demanda de tus fieles
halagos
llena de pasión por mi
adicción.

Miles de años con tu
aparición
y, en mis sueños, tus preciosos
lagos.
Mi aventura ideal, sin más
estragos,
el caldo del amor de mi
abrasión.

Con calcomanía de tus
amores,
con ráfagas, brío de mis
cimientos,
con luz viva, candor de tus
fervores.

Sólo tú renueves mis
sentimientos,
y, sólo tú, culmen de mis
dolores,
con tu elfo, colofón de mis
lamentos.

Poeta (Número 77)

Y es la hora

de los poetas encantados

que no duermen,

ni de día ni de noche,

en la búsqueda,

de un ramalazo de

inspiración

que nutra su poema,

con la efervescencia de la vida.

Y le impregna,

un toque de nenúfar

trenzada,

en una noche sonámbula.

Y, como poeta,

aprovecha, para hablar

con su musa,

de sus más íntimos secretos.

Y, ese poeta,

tarde o temprano,

lo consigue, llega

a ser consciente de su musa.

Y ¡le habla!

Y ¡le pide!

Y ¡le ruega!

Y ¡le da su amor!

Y ¡le da su desamor!

Y ¡ríe con ella!

Y ¡llora con ella!

Y ¡todo por ella!

¡Silencio!

llega la noche para

el poeta y, su musa,

sigilosa,

se despierta.

Tope (Número 76)

Se oye tu voz cerca, a mi
lado,
complemento de todas mis
manías,
en tus canciones, en tus
melodías,
yaciendo en mi recuerdo
calado.

Ella me acurruca con su
agrado,
en su palco de limpias
valentías,
con ayuda de sus solemnes
guías,
con júbilo, en su ritual
alado.

Tu voz me adentra en tu fresca
ría,
el hipnotismo de tu santo
pozo,
manantial sublimado que me
guía.

Etérea cercanía,
sollozo.
Yo en ti me refugio cada
día,
con hazaña elevada al
gozo.

Obvio (Número 75)

Tu sonrisa, elixir de luz
brava,
traspasa mi simiente
coronada,
tapiz de mi córnea
plateada,
la brisa de tu sonrisa, me
cava.

Cautiva de tu sonrisa,
esclava.
Maíz para mi duna
enamorada,
nácar como perla gris
azulada
con soplo de huracán que me
agrava.

Duerme tu sonrisa en mi
cabeza,
profesora con sus gratos
talentos,
ponto revelador de tu
riqueza.

Con santos en sus sólidos
fermentos,
obnubilada por su fortaleza,
con enredos por la sed de sus
vientos.

Oasis (Número 74)

Por tu amor me desplazo desde
Flandes,
en gnomo convertida, sin
aliento.
Casi a la muerte veo, no
miento
por tus idos amores en
desbandes.

Me han perseguido enemigos
grandes
y también un enemigo
hambriento.
He pasado sed, hambre y
tormento,
fruto de los aires que tú
expandes.

Todas mis heridas brotan
ahora,
con certeza, su reparo al
verte.
Restos de tortura, mi
antecesora.

Fluyendo así para
poseerte
con briosa llamarada
creadora,
entre lazos, petrifico mi
muerte.

Besos de agua (Número 73)

Deseas una oda de
amor.
Para ti, mi amado,

te dedico, mis versos,

de color.

Por tu calma,
rodeada de tu flor,

al abrigo de tu palma.

Por tu dignidad

en mi alma.

Por tu querer estremecedor.

Por tu pasión felina

en mi alma.

Por tu mirada

que abre mi alba.

Por tu embrujo colonizador.

Por tus besos de agua

en mis mejillas,
llenos de pececitos de
colores.

Por tu amor a las mil
maravillas.

Por tus caricias de flor.

Tú, erizas mi cuerpo,

con tus semillas.

Yo, sorbo la tríada

de tus maravillas.

Para ti, mi amado,

mi oda de amor.

Perillana (Número 72)

Y en mi enjundia, tu
olivar
y justo aquí, en este lugar,
brota
una perezosa y fresca
gota,
adjuntando alas para
volar.

Y libre abandona mi
altar,
sin engendro de miedo a la
derrota,
con firmeza, limpia, no está
rota
y a tu cita va como un
juglar.

Mi ente solar, confesor de mi casta.
Tú, el culpable de mi
aventura.
Tú, mi encantamiento
entusiasta.

Entre lamentos llego a mi
fisura
pues tú clavas, dentro de mí,

tu asta
y desalmas, de un golpe, mi
cordura.

Un nudo en la garganta (Número 70)

Me transporto
a mis recuerdos
de amor;
a esos recuerdos
que de ti tengo,
a tus racimos
de pasión,
uno a uno,
cuando, por mi cuerpo,
te deslizabas
con suave textura,
con colores malabares.
Y me lleno de ti,
con un nudo en la garganta,
cielo mío;
con un nudo gigante
con el que tambalea
mi cuerpo, partícipe,
de tu fiesta explosiva,
encima de mi cuerpo.
Y, ese aposento,
libertador de mis males,
me atraganta.
Y, ese aposento,
guitarra de mi alegría,
me acalora.
Y, para colmo de mis males,
sigo,
mi amor,
con un nudo en la garganta.

Escrita con el alma (Número 69)

Y tu canción,
vida mía,
la que tú me cantas,
está escrita con el alma,
con el tesoro
que allí guardas para mí,
con la sabiduría
que agencias por todos
los mundos que visitas,
con el cielo que traes
en tu maleta trovadora,
con los amores de quienes
saben amar en la distancia,
con los besos que observas
desde tu abadía secreta.
Y, después, con gracia
me anuncias
que estás de vuelta,
de vuelta de otras vidas,
de otros lugares;
lugares que portan
el misterio del amor,
el misterio del hambre
en el corazón,
amor mío.
Así me traes, tu canción,
escrita con el alma.

Sobrevuela mi alma (Número 67)

Amor, tú y yo,
en el agua
de la noria
de la felicidad,
en el alimento
de nuestros centros,
en un lugar paradisíaco.
Lindo mar.
tu mirada,
con la profundidad
de los océanos,
con un bálsamo mágico
que unta mi corazón
de sales virtuosas,
con un gozo celestial,
sanador,
de mi limbo cerebral.
Tú me miras
al son de la música,
con las notas
de la verdad…
Tú me miras
al son de la música,
con las letras
de la deidad.
Así,
con tu fortuna
en mi vida,
con tu dulce mentol,
con tu cuerpo,
petrificado en el mío,
me enredo
en la locura
de tu mirada,
me ato a tu carne
y, mi alma, sobrevuela.

Coqueto (Número 63)

Entre tus brazos,
mis ojos fluctúan
un arcoiris
de fresca lluvia,
de sol floral
que me rodea
entre los más lindos
trajes del amor.

Entre tus brazos
me despojo
de rutinas,
me despojo
de negaciones
ante tu grato
escaparate.

Te muestras coqueto
por este jardín
de colores,
extractos
de tus trocitos
de amor.

Tu arma,
este lindo mosaico,

con flores de tu lagar,
dentro de mí,
cuna de tu amor.
Yo me hundo
en este artificio
de tu ser.

Me asegura
quién soy yo
entre tus brazos:
¡la primavera del amor!

Pasión hacia el cielo (Número 62)

Tú y yo,
una explosión,
una enorme pompa
de jabón,
encanto de quienes
están alrededor.
Fijación de amantes,
anhelo de mayores.
Tú y yo, todo
al hacer el amor,
alquimia,
con una explosión
que sube nueva música
hasta el cielo,
con letras pasionales,
con un revuelo de tantra…
por todas las estrellas,
por todos los planetas.
Y los dioses
enmudecen,
sólo piensan:
¡déjenlos!
¡están haciendo
el amor!