Mi nombre (Número 88)

Ya sé que,

para ti,
soy insignificante,
solo un número,
en tu agenda,
gastado,
por los años,
que llevo esperándote;

¡cuántos años!
Ya sé que
ni miras mi nombre.
Para ti,
¡obsoleto nombre!
Ya sé que,
jamás, lo has mirado.
¿Para qué?
si yo he pasado
por tu vida,
sin que, tú,
te des ni cuenta.
Solo he sido,
para ti,
mujer abanderada
de tus miserables horas
de tu aburrimiento.
Ya sé que, las cenizas
de mi corazón,

a ti,
no te importan.
Ya sé que,
mi dolor atónito,
a ti no te asombra;
ya, lo sé…
Y, todo, por quererte así,
¡sin más!
por amarte
¡con la locura de mi mente!
¡con las caricias de mi alma!
Ya sé que,
Mercedes, no es nada
en tu agenda,
que mi nombre
ni lo miras.
Ya, no me preocupo…
Ya, me acostumbré.

Lágrima (Número 85)

Se me salta una lágrima,

cada vez,

que leo tu carta;

esa carta tuya

en la que, tú,

me cuentas,

al detalle,

toda tu vida.

Se me salta una lágrima,

y, en la distancia,

desde dentro

de mi alma,

te pido perdón,

amor mío.

Yo sabía que me amabas,

yo sabía de tu sufrimiento,

¡jamás te dije ni una palabra!

¡jamás te hice una llamada!

¡jamás abandoné mi trabajo

para verte!

¡jamás te acurruqué,

en mi pecho!

¡jamás fui tu consuelo!

Y, hoy, cuando leo tu carta,

amor,

¡se me salta una lágrima!

Poeta (Número 77)

Y es la hora

de los poetas encantados

que no duermen,

ni de día ni de noche,

en la búsqueda,

de un ramalazo de

inspiración

que nutra su poema,

con la efervescencia de la vida.

Y le impregna,

un toque de nenúfar

trenzada,

en una noche sonámbula.

Y, como poeta,

aprovecha, para hablar

con su musa,

de sus más íntimos secretos.

Y, ese poeta,

tarde o temprano,

lo consigue, llega

a ser consciente de su musa.

Y ¡le habla!

Y ¡le pide!

Y ¡le ruega!

Y ¡le da su amor!

Y ¡le da su desamor!

Y ¡ríe con ella!

Y ¡llora con ella!

Y ¡todo por ella!

¡Silencio!

llega la noche para

el poeta y, su musa,

sigilosa,

se despierta.

Un nudo en la garganta (Número 70)

Me transporto
a mis recuerdos
de amor;
a esos recuerdos
que de ti tengo,
a tus racimos
de pasión,
uno a uno,
cuando, por mi cuerpo,
te deslizabas
con suave textura,
con colores malabares.
Y me lleno de ti,
con un nudo en la garganta,
cielo mío;
con un nudo gigante
con el que tambalea
mi cuerpo, partícipe,
de tu fiesta explosiva,
encima de mi cuerpo.
Y, ese aposento,
libertador de mis males,
me atraganta.
Y, ese aposento,
guitarra de mi alegría,
me acalora.
Y, para colmo de mis males,
sigo,
mi amor,
con un nudo en la garganta.

Escrita con el alma (Número 69)

Y tu canción,
vida mía,
la que tú me cantas,
está escrita con el alma,
con el tesoro
que allí guardas para mí,
con la sabiduría
que agencias por todos
los mundos que visitas,
con el cielo que traes
en tu maleta trovadora,
con los amores de quienes
saben amar en la distancia,
con los besos que observas
desde tu abadía secreta.
Y, después, con gracia
me anuncias
que estás de vuelta,
de vuelta de otras vidas,
de otros lugares;
lugares que portan
el misterio del amor,
el misterio del hambre
en el corazón,
amor mío.
Así me traes, tu canción,
escrita con el alma.

Sobrevuela mi alma (Número 67)

Amor, tú y yo,
en el agua
de la noria
de la felicidad,
en el alimento
de nuestros centros,
en un lugar paradisíaco.
Lindo mar.
tu mirada,
con la profundidad
de los océanos,
con un bálsamo mágico
que unta mi corazón
de sales virtuosas,
con un gozo celestial,
sanador,
de mi limbo cerebral.
Tú me miras
al son de la música,
con las notas
de la verdad…
Tú me miras
al son de la música,
con las letras
de la deidad.
Así,
con tu fortuna
en mi vida,
con tu dulce mentol,
con tu cuerpo,
petrificado en el mío,
me enredo
en la locura
de tu mirada,
me ato a tu carne
y, mi alma, sobrevuela.

Raíces (Número 66)

Mi corazón,
a duermevela,
tú no llamas
a su puerta.
Tu rutinaria
indiferencia,
cada noche,
me quema, mi amor.
Una pena,
poderosa,
dentro de mi corazón
sin una venturosa luz
que airee mi dolor,
enraizado,
sin ti.
No avisto
ningún camino nuevo
para mí;
¡ninguno, mi amor!
Yo, sin ti,
no sé vivir.

Encorvada (Número 64)

Mi alma no descansa,
te ama
en todo momento.
Y, por amarte tanto,
taciturna vislumbra
el esperpento
de su vida.
Y, cada vez,
se arrastra más
por ti.
Y, cada vez,
más encorvada
por el peso de tu amor,
en mi alma.

Pasión hacia el cielo (Número 62)

Tú y yo,
una explosión,
una enorme pompa
de jabón,
encanto de quienes
están alrededor.
Fijación de amantes,
anhelo de mayores.
Tú y yo, todo
al hacer el amor,
alquimia,
con una explosión
que sube nueva música
hasta el cielo,
con letras pasionales,
con un revuelo de tantra…
por todas las estrellas,
por todos los planetas.
Y los dioses
enmudecen,
sólo piensan:
¡déjenlos!
¡están haciendo
el amor!

Ceguera (Número 59)

El amor que te tengo
hierve
por todo mi cuerpo,
¡qué calor!
un volcán en erupción.
Esta lava caliente
achicharra mis raíces,
golpea, en mis carnes,
con fuerza bestial.

Y, con esta tensión,
pitidos en mis oídos,
en mis ojos, ceguera.
Y, justo ahora,
corro a decirte
que te amo.

Dame un abrazo
hasta que, mi potencia,
amor,
se detenga… de nuevo.

Polimorfos (Número 58)

Miro tu cara radiante,
en los árboles;
me abren paso
hacia tu corazón sagrado.
Miro tu risa, en la brisa
del aire, al amanecer,
en esta otra parte de mi vida.
Miro tu calma, en la ganadería brava;
sube a mi mente
cuando tú me llamas,
justo, cuando estás
delante de mí.
Miro tus abrazos,
confiados,
en estos pinos.
Escucho tu voz,
entre las ramas,
repletas de hadas.
Camino hacia ti,
sin dolores,
por la vereda
de las bendiciones,
por el atajo
del jolgorio,
solapada y, sonriente,
por nuestros corazones.

Besos venecianos (Número 55)

Y, Dios,
cada mañana,
me manda señales
de tu amor,
justo cuando,
sobre mí,
se posan los pájaros
más bellos del universo,
Y, con su estoico canto,
ellos,
me llevan a tu nivel,
tan elevado para mi ser.
Y, con esa música,
duerme mi corazón,
con dulces nanas,
con besos armoniosos
que me acechan cada día;
venecianos besos,
mi amor.
Y caigo postrada ante ti,
mi amor,
para, por fin,
amarte.

Dafne (Número 53)

Mientras te hago el amor
seguramente,
recibes el regalo
de Dafne
disuelto en gotas de lluvia.
Y, ahí, participas
en el secuestro de mi arroyo
que cursa hacia tu corazón
para sólo darte sol
cada vez que te miro
y cada vez que bebo en tu copa,
inagotable,
por todos los deseos
que tengo de ti, mi amor,
mientras te hago el amor

Mímica (Número 50)

Y si no te veo,
amor mío,
plácido reposas
como marsupial
dentro de mi alma
que te mima
hasta en la noche.
Tu felicidad, sin reproche,
en la dulce morada
de mis sueños,
en la salida brava
de mis madrugadas.
Pero…¡ay de mí!
con tu mirada sideral,
con tu mímica
de hombre sagaz.
Contigo, mi electricidad,
reaparece.
Pero…¡ay de mí!
cuando llegas
con tu elixir;
trastocas todo mi ser,
ya no soy yo,
me convierto
en una verdad
insaciable,
con cambios
en todo mi cuerpo,
de la cabeza
a los pies
y viceversa.
Y, mis cambios
mutantes, en aumento
porque te tengo a mi vera.
Y solo, un roce tuyo,
me transporta
al paraíso del amor.
Y, con esta efervescencia,
mi energía
se va hacia ti.
Y percibo, también,
con calor,
como la tuya
se acerca a mí.
Y, un gran círculo,
interminable,
se forma entre tú y yo,
mi amor,
¡ay de mí!

Fotografía pexels

Tus ojos (Número 49)

Quiero pétalos
de tus rosas
para mi vida amarga.
Quiero flores,
en mi alma,
para borrar
mis tristezas
y engalanar
mis ventanas,
Quiero tus ojos,
de brujo,
cada noche,
en mi cama.
Quiero hacerte
una parcela
de alegrías
sin zumayas.