La Vega (Número 164)

Yo vengo de los pueblos

del dorado trigo,

del rudo maíz,

del blanco algodón,

de la mismísima vega,

del corazón,

del Guadalquivir.

Y las lisonjas de su río,

regalo de Dios,

maravillosos dones

para nuestros corazones.

Yo vengo de los pueblos

de la reluciente cal,

del cante hondo,

de las sevillanas, del sol

y del buen vino,

del rebujito en la feria…

y del queso… y del jamón.

Y de su aceite de oro,

pura bendición.

Yo vengo de los pueblos de

naranjas,

aceitunas empedradas…

de los pueblos

de hombres y mujeres

que ganan duras batallas.

Y del artista enamorado,

creador de altos niveles.

Y del poeta cantautor

por esta tierra bendita.

Y del muerto venerado

vivo dentro de mí,

de ahí…vengo yo

En San Lázaro (Número 163)

Y, de todo lo de hoy,

veintiuno de diciembre,

me quedo contigo,

Nati, trianera

y, ahora,

vives en Puerta Osario,

¡qué encanto de mujer!

sencilla, amable y positiva,

con un arte

que te hace brillar,

por los cuatro costados.

Me cuentas, casi tu vida

entera, como yo a ti.

Y, coincidencia tras

coincidencia, casualidades

en esta sala de espera.

Y, después, vas

y hasta para despedirte,

me besas.

Aún, siguen habiendo

personas buenas

y tú, una de ellas…

el mundo resiste

ante la maldad.

Nati, quizás,

no te vea más,

quién sabe,

pero que lo sepas,

para mí,

ya eres inolvidable.

Y, Nati, lo que yo no te dije.

Y, por si acaso lo lees,

yo soy de Lora,

Nati, ¿te suena?

puedes venir cuando

quieras…

tu conexión, en mí,

ya queda.

Mutismo (Número 162) Soneto

Para mí no llega la primavera,

mi árida consciencia con mi pena,

la ruina del fango de mi condena,

con esta ventisca tan heladera.

Las migajas de tu cárcel austera,

yo, tu amante con conducta buena.

Mi apapachamiento, mi escena

entregándote hasta mi sementera.

La ensenada sabe de mi espanto

por el bloqueo de tu abstención,

su afluente, las gotas de mi llanto.

Tu invisible carga, sin condición,

perdida sin solución, entretanto,

agarro mi eterna condenación.

Fiesta( Número 161)

Y, aún, no sé por qué

celebro fiestas

si mi corazón, tan triste,

sólo baila cuando saca

sus notas fuera;

esas alegres melodías

con las que sonrío,

desde dentro hacia fuera.

Y, aún, no sé por qué

celebro fiestas

que me aburren,

toda la tarde

y toda la noche,

como si, por detrás,

me diesen un estacazo

y me dejaran tumbada

en un banco.

Y, aún, no sé por qué

celebro fiestas,

si a fin de cuentas,

el que más y el que menos,

es un actor del teatro

de su vida

donde nadie lo nomina

para un óscar

y donde nadie lo dobla.

Y, ni tan siquiera,

es un súper agente

para irrumpir en esa fiesta

y hacerte pagar

una multa

por estar triste.

Y, ni tan siquiera,

es un médico

que medique y cure

tu tristeza, para hacerte,

el mejor mago de la fiesta.

Y, todos, creen

en tu felicidad completa.

Y, por ti, sí que apuestan,

así, que la fiesta ahora

ya es la mejor casa de

apuestas de la comarca

donde unos ganan

y otros pierden…

por supuesto.

Impacto (Número 160) Soneto

En mi alma, sangre con fría candela,

con sufrimiento de mi esternón,

con el catéter de tu alta tensión

mi creación, tu cara de canela.

En tu búsqueda por la ciudadela,

en tan recóndita

superstición

y dentro del mar de la perdición,

con el caos de las noches en vela.

Los besos de tu olvido,

patraña

con la necedad de tu

embestida,

mortíferos abrazos de tu maña.

El maleficio cerca de mi

vida,

tantos sinsabores con tu calaña

que me hunde tu desamor

suicida.

Intensidad (Número 159) Soneto

Y este escozor dónde se halla,

un escozor cerrado y profundo

tan mortificador y moribundo,

sumo devastador de mi vitualla.

Un escozor máquina de mi batalla,

como un huracán de inframundo,

letal daño en un microsegundo,

para mi cuerpo, caliente metralla.

Válida parca de mis comprensiones,

con tanto pesar en tu testimonio,

rudo asesino de mis vastos dones.

Con tu amor de traición, tu

demonio,

huella de mis dormidas conexiones,

crispadas por tu disgusto esclavonio.

Son ángeles (Número 158)

Algunos y algunas

de la raza humana

son más inconscientes,

más salvajes,

que cualquier animal rabioso

del mundo.

¡Qué pena más grande!

Y, por ello,

vosotras y vosotros,

ya sois,

“ÁNGELES del CIELO”:

LAURA,

MARTA,

GABRIEL,

DIANA,

RUTH,

JOSÉ,

MARI LUZ,

MÍRIAM,

TOÑI,

DESIRÉE,

ASUNTA…

Pongamos, entre todos,

PUNTO FINAL,

¡NO MÁS DOLOR!