Visiones (Número 319)

Misterio, misterio.

Yo, cuando sueño, vivo.

Misterio, misterio.

Yo, cuando vivo, sueño.

Y una venda, en mis ojos,

la causa de mi misterio.

Y me tiene confundida

para no ver, tanto dolor

en mi alma, sin fundamento,

tanto dolor en mi cuerpo,

postrada,

en esta cama de hierro,

en el silencio de días eternos

y con el misterio

que me arranca, de cuajos,

las visiones

de cuando yo vivo…

estoy durmiendo.

Dura montaña (Número 318)

De nuevo me llaman,

a eso de las nueve,

una cita programada,

un tac, contraste yodado

desmenuzará mi cuerpo,

se verá todo muy detallado;

un preparativo más

para mi operación.

Y para el uno de abril,

ese tac,

me permitirá adentrarme

en ese quirófano latente,

donde la vida,

parece detenerse

y, en cambio, trastoca

mi estructura física

con esos profesionales,

tan profesionales,

que me aguardan allí.

Ya queda menos para terminar

o para empezar mi cambio;

un cambio, en mi cuerpo,

que no debe hundirme.

Fuerte contra ello,

lucha pura y dura contra ello.

Así, que hoy deseo

que llegue ese día,

para subir, en breve,

esta montaña tan dura

que tengo frente a mí.

Cuidemos el planeta (Número 317)

Profesiones hundidas,

no puedo más,

con el interés ramero,

“ramera de Babilonia”

incremento de sus poderes.

Y se esconde,

dentro de un lago

que vierte sus aguas oscuras

hacia un pantano

que se torna frío, malo.

Y tienta sobre la cruz

de un delicado orador

que dice quién tiene razón.

Continentes contaminados,

¿culpable?

nadie… se da por aludido.

Mas, todos sabemos

los motivos de una naturaleza

incomprendida.

Ella nos da lo mejor

y la dañamos con desazón,

con la lumbre

de todos los escombros materiales,

podridos.

Y, así, abusamos

con este consumismo,

extendido de norte a sur,

de este a oeste.

Y nuestra tierra lo sufre

sin piedad.

Y los más débiles,

con ella, también.

El interior del ser humano,

tan vacío, en un precipicio,

en un limbo existencial.

Todo,

pura y dura economía,

intereses, sin más…

un desastre total,

“in extremis”

Vuestra lotería (Número 316)

Y, entre tanto,

se me acerca un cuponero;

el dinero qué duro que está,

nunca me cae del cielo,

no me toca ni el reintegro.

Mi trabajo, duro y agotador,

me lleva,

por esta vida de tunantes,

de troleros usureros.

Y ellos…me mienten

con una simple pluma,

sin esfuerzo,

y se amotinan, con los tesoros

de los obreros.

Y así pasa mi vida;

yo sonrío…con el cobro

de una propina,

extiendo mi mano ilusionada.

Triste ilusa,

mi vida va pasando

y mi salud se va terminando.

Trabajadora ilusa,

si me jubilo no duraré tanto,

mi agotada vida…acabando.

Acabóse mi trabajo…

y mi vida,

chupópteros inhumanos,

os habéis vuelto ricos

con mi esfuerzo diario;

ésa es mi lotería…

la vuestra.

Desayunos (Número 315)

Y estrujo mi pan,

cada mañana,

en este rico aceite de oliva,

con la alegría

de los campos del sur,

con la sabia

de un árbol sagrado,

memorable.

Y, así, se limpia mi cuerpo

y se lubrica con amor…

con la magia del sur.

Y me cantan, por bulerías,

con el arte a cuestas,

las naranjas de mi tierra,

exquisitas en esta jarra,

colorida y con gracia.

Yo me las bebo de un sorbo

y me sacan a bailar,

cada día, en esta tierra mía,

los desayunos con jolgorio,

curtidos con la frescura,

curtidos con la esperanza

de un nuevo día

y de una blanca luna,

¡qué hermosura!

Viaje (Número 314)

Pues con tapiz de dolor

siento mi vida

en mi último pasaje,

camino hacia mi desnudez.

No me quedan ropas

superpuestas,

este paraíso terrenal

me desnuda.

Y me voy enfrentando a mis actos,

a los buenos, a los malos.

Y me voy enfrentando

a quien verdaderamente soy,

una humana pecadora,

con ansias de saber

que será de mi último viaje,

a dónde me llevará, qué sentiré

una vez que llegue a mi destino,

quizás me pierda por el camino.

Y no deseo esa pérdida,

en las malezas soñolientas,

de una muerte lenta.

Chueca (Número 313)

Burbujeante mi sonrisa

entre tu atado haz de lujuria,

cautivadora de mi sinemblock,

en cada incursión

que contigo hago, mi aldeano.

Y destaco tu ataviado dulzor,

traspapelas mi corazón,

me entrego

ante tu locura triunfal.

Hoy me llamas, mi vida,

para juntos,

aletear en tu motor de amor.

Y nos decantamos

hacia los círculos chispeantes

de la vida.

Y transmutamos

como un aldeano en Chueca,

hacia la viveza inigualable

de un barrio mágico,

nos esperaba desde hacía siglos.

Y nos reconforta

hasta la saciedad, mi vida.

Mira su magia, mírame a mí,

yo soy como él, como tú:

una maga del amor,

aquí, en Madrid.