Aroma de vainilla (Número 1.151)

¡Necesito relajarme!
¡Pon, tus brazos,
a mi alcance!
¡Pon, tu mirada,
la de los claveles rojos,
despampanantes,

a mi antojo!
¡Pon, tus nardos,

en la rúbrica de mi vida!
¡Penetra,
en mis galerías profundas!
¡Termina,

con el monstruo de los pasadizos secretos,
cuando me dices que no!
Y, llévame a la tribuna grande,
con torturas de mi sangre,
con asientos,
en mis vasos dilatados,
con aroma de vainilla caliente,
con trozos de alguna maravilla,
sin mis perdidos fantasmas,
en el rincón de los desfallecidos
cuando, yo, te llevo,
entre mi corazón flotante,
hacia el puerto del amor
y, allí, me desangro,
con tus carnes,
mirándome,

de manera penetrante, amándome,

de forma delirante,
en la cama grande,
con las flores de tu parque
y, con mis pozos

que arden,

saboreando, tus confines,

hacia la libertad anhelante.

🥰🥰🥰

Noche de brujas (Número 1.149)

Si hasta el mismo Señor,

se me acerca,

si cierro mis ojos.

Lentamente,

dentro de mis pies,

incandescencia, por mi cuerpo,

agujas, me clavan dentro,

tinta que graba, tu nombre.

El sonido, me recuerda,

a que, tú, me velas.

La claridad, en el ventanal,

los árboles de fuera,

leones, a los lados,

el recuerdo, de mi poderío nato,

el dolor, en algunos lados,

en otros, la sensibilidad muerta.

La pena, adormidera,

el llanto, en el letargo,

la abuela, enferma,

gravitacionales bandas,

en el espanto de alguien,

con el miedo, en su garganta

y, con los atributos,

de ganar todas sus batallas.

El hombre, ligero de carga

llega, con su consciente poder,

me alegra la triste morada.

Nada de padecer,

el momento, es ahora.

Las cargas, fuera,

el día, bello,

el cielo, rosa,

las ventiscas, se fueron,

la comida, en la mesa,

mirando, con sigilo,

por si alguien se da cuenta.

Las gasas, mojadas,

la tristeza,

de un dolor camuflado,

en el largo espanto,

de una noche de brujas

que, aún, continúan cazando;

las escobas, se oyen,

con el pensamiento,

en el mes de noviembre.

Yo, de nuevo, iré a verte…

🥰🥰🥰🥰

Mariposas (Número 1.147)

Hacia las estelas de tu amor,

complicado, lo tengo yo.

Acaramelada, en estos lagos,

de una soledad, ensimismada.

Trémula vertiente,

en cada ocaso de mi alma,

en pena, a trozos, marchando,

por esta nueva vereda.

Le ha dado tregua,

en esta vida repleta,

en la tierra de los pueblos,

caminante, hacia el amor,

en posadas, con agua caliente,

en extramuros, sin estridencias,

con mis susurros que caen,

de mi corazón cerrado,

con lágrimas y con llanto,

sufriendo,

hasta mi último minuto

y, trotando,

con las manos, hacia el cielo.

Todo, lo mimo,

con la fuerza de un oso negro,

en las nieves de Birmania

tras la montaña sagrada,

esperando besarte

cuando, el frío, me petrifique.

Tus laureles, me pondrán,

una corona de flores

y un huerto, con tu rosal,

en la blanca Navidad

y, un cañón de corazones,

me tirarás con tu ser,

arrancando, mi miedo

y, mimando, mis tesoros

El chorro de mi vida,

por ti, vierte,

en la fuente de las pasiones,

con tu cara en los gráficos

y, con tu silueta,

en mis gratos recuerdos,

en esta vida asombrosa,

con mis grandes sueños,

y con mis sonoras mariposas…

🥰🥰🥰🥰

Mustio (Número 1.146)

Mustio día,

la música del ambiente,

pretende,

alegrar mi momento,

entre las pobladas nubes

y los silencios internos,

haciendo, balance,

del año que pasa de nuevo.

Los sueños, sin cumplirse,

la dolorosa canción de la vida,

la triste verdad de la muerte.

Un mes, otro mes,

doce, quedan detrás

y, todo, sigue complicado.

Pocos cambios en mi rebaño,

los lugareños, siguen gritando,

las fuentes secas,

sin agua clara.

Los pasos, lentos,

la cintura, dura,

los pies, con dolores,

las grageas, por la garganta,

las manos, atadas.

Un parón,

en la música de la vida.

Un quejido, un dolor horrible,

ensordecedor, de mi camino.

Duendes por la espalda,

jirones de lamentos

y, una nueva canción,

esperanza, de un año nuevo.

Los meses venideros,

paciente, los espero,

en este caminar…

sepulturero.

🥰🥰🥰