Alquimia de la mente,
increíble delincuente,
robada la razón diaria
inquieta corazonada.
Vienen artilugios
enrarecidos como fuegos
incontrolables desasiegos,
puedo y no puedo,
ataduras en este cuerpo,
mil lamentos, destellos,
no siento el silencio,
instantáneas golondrinas,
alicaídas sus alas,
El comienzo de una manada,
asesina y amedrentada.
El llanto del dolor profundo
en esta mente taciturna.
Campanas en mis oídos,
intensos ruidos.
Compro y vendo,
tengo todo el oro del mundo,
poderosa mi mente,
sin dinero, la reina del lugar,
soy hija del Rey,
mis hermanos no lo ven.
Entristecida en mi regocijo,
el trino del ruiseñor,
me abandonó y, mi mente,
se desbocó en un suspiro
Hermanos ¡qué dolor!
En psiquiatría.
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