Ganas de vivir (Número 332)

Honorable naturaleza

se cuela por mi cabeza,

dispuesta a regalarme

un bello día de primavera.

Los zorzales revolotean

cerca de mí,

las mariposas se posan en mi nariz,

el olor de azahar endulza mi cuerpo,

por dentro, las flores, con sus colores,

pintan mi alma;

todas bellas, menos una,

tiene un colgado despegado de ella,

va a morir,

yo no sé que hacer con ella,

¿puedo salvar su vida?

no tengo ni idea,

la miro fijamente,

la uno a su lugar,

tomo un palo y se lo ato,

quizás sirva para algo;

este día de primavera, tan bello,

puede que sea su nuevo comienzo.

Nunca me doy por vencida,

lucho con lo poco que tengo,

mis ganas de vivir,

maravillosa luz que me rodea

en este lindo mes de abril.

Álter ego ( Número 331)

Mi álter ego,(mi otro yo),mi fecunda espelta,en este tricuerpo montado,sea cual sea tu cuerpo.Mis ronquidos,despierta,mi ruido gastrointestinal,al postrarme de hinojos,(ponerme de rodillas).Y, mis colmenillas reticuladas,con la exquisitezdel sustrato de Cádiz,por la quinta colonialde nuestra marea imperial.Desde positus sum(conjunto) tuyo y mío,tan gratificante,sin impétigo,en este tratado de consciencia,de un matrimonio mayor,sin ningún disimulo,con nuestra denominación social.Y, con tu sustancia química,tú que me llamas.Y, en tus brazos,caigo yo, mi amor.

Acacias (Número 330)

Acacias, acacias

yo comía acacias,

en la placita de mi niñez,

en la placita “Santana”

sí,

con ilusión en mi alma.

Con ellas,

ahuyentaba mi mala suerte,

maravillosa planta.

Con ellas,

me hacía pendientes,

zarcillos de acacias.

Después,

me atiborraba de chucherías

en el quiosco de “Miguel”

y, casi me bañaba

en aquella fuente

que, hoy, sigue allí,

algo transformada.

Mas, las acacias, ya no están…

tampoco, el quiosco;

ahora…

se han tornado en naranjas

y en cuatro esplendorosas palmeras

aireadas, frescura imponente.

Acacias, acacias,

yo, de niña, comía acacias,

¡qué suerte!

Y, ahora, de mayor,

ya no como acacias.

Y, mi suerte, se esfumó…

¿volveré a comer acacias

en la placita “Santana”?

Fuera del telón (Número 329)

Me duele esta noche

mi vida,

delante de mí…

una nueva enfermedad.

Ya comienza…

mi estancia hospitalaria,

una incógnita rara,

en una noche machacada,

dolorosa noche

de ostras contaminadas,

ante un destrozo,

de un trozo de mi cuerpo.

Y, con una lúgubre miseria,

con faltas en mi coyuntura,

me relego a un solar,

sin estirpe ni aventuras.

Y, con esta cruel droga,

enfermiza droga,

mis mieles me postran

en una calmada estrella,

con un subidón,

fuera del telón de mi vida,

de mi pobre vida.

Y, poco a poco,

o, un mal final,

o, un buen comienzo.

¿Quién sabe…?

Y, en pocos días,

lo sabré, quizás…

pueda contarlo.

Vive (Número 328)

Y no me conformo,con una cadena humanaque pida mi absolución,¡ no!no me conformo con eso,eso no me haría feliz.Me duele tanto mi cabeza…debo, con la calma de mi plante,darme al mundo entero,dejarle algún legado nuevo.No quiero pasar por aquí,sin más,necesito un artículo especial,tan especial,que de la vuelta al mundo entero.Y, con palabras bellas,decirles a todos ellosque la vida es una lucha,una dura lucha,que te hace volar.Y, lo interesante,poder contarlo, antes de irme.Tú vive.Tú lucha.Tú vuela…VIVE TU MÚSICANO TE VAYAS SIN VIVIRLA.

La misma estación (Número 327)

Portal de agua viva,

me lleno de la lumbre de tu vida,

no huyo a la deriva,

mi alma poderosa,

te percibe a su vera.

En cambio,

tú te has alejado de ella.

Yo, mantengo tu candor,

con el lustre de tu flor.

Camino por una estación

hasta ahora, desconocida,

no lo supero.

Siento cuando te dije adiós,

no pensé en este situación,

me veo abocada a la soledad.

Mi pálido corazón no vive,

te espero en la misma estación,

Tu huella, en mi alma,

una cicatriz sin cura,

la falta de tu amor,

destrozos de mi pasión,

te sigo amando, mi amor.

Muy tuna la muerte (Número 326)

Y, en la alacena de mi vida,

vivencias de una negra penumbra,

se me pone delante una muerte

estúpida.

Quiere burlarse de mí

y me dice que, frente a ella,

nada tengo que hacer.

La carne se me pone de gallina,

rechinan mis dientes,

ella, la muy tuna,

susurra en mi oído…

feliz cumpleaños

del día de tu muerte.

Y frunzo mis cejas

mas no agacho mi cabeza.

La miro desafiante,

cojo impulso hacia delante,

me monto encima de ella,

y sí, con un puñal,

hecho con mis ganas de vida,

le retuerzo su mano,

le quito su guadaña,

la giro hacia mí

y le digo estas palabras:

te dejo tiesa,

indefensa,

te desafío,

lo nuestro será un duelo,

un duelo sin armas,

un duelo de tú a tú,

de corazón a corazón.

Y, ella, ante el temor al amor,

se da por vencida,

se da la vuelta,

agacha su cabeza.

Y desaparece

sin llevarse su guadaña.

Quizás, otro día,

vuelva a por ella…

lo recordará, seguramente.