Olivar (Número 18)

Parálisis

en mi cuerpo,

mi mente con su vapor,

sigue allí,  contigo,

en el extremo

de aquella mesa,

enorme;

esa mesa

en la que tú

mirabas mis ojos,

fijamente,

para decirme

que tu amor. . .

se acabó.

Yo,  perdida,

sin control

de mi dolor.

Y, esta pena,

ocupa todo mi ser,

nada siento

en esta selva;

mis carnes,

inmóviles,

yacientes

por tu desamor

Y, ahora,

prefiero mirar

estos olivos

que me llevan

a otro cielo,

abierto sólo  para mí

por todos las diosas

olivareras  de mi selva.

 

 

Amargura (Número 17)

Mis puertas

abiertas, para ti;

tú en tu barca mundana,

yo en mi vida desafortunada,

en espera de tu amor,

con mi melancolía

permanente,

ausente de todo,

en el más recóndito vacío

de mi corazón.

Tu nombre me atormenta,

recuerdos de mi vida

pasada.

Y ya sólo sé que tú…

no me amas.

Yo, para ti,

no suelto amarras

y en esta tremenda

amargura

y con la cara

de tus espectros

y con la pena

de mi alma…

ya sólo sé que tú…

no me amas.

 

 

 

Libres ( Numero 12)

Pájaros de luces,
traslúcidos,
en vuelo libre
desde mi alma,
cansada,
de tu espera,
cansada,
de tu desamor,
pájaros relegados
a un plano
de tu olvido.
Y con el hastío
de una noche invernal,
una noche sobria,
mis pájaros se tornan
valientes,
hartos de tu espera,
oscura espera…
cercada espera.
Y buscan lo diáfano.
Y buscan el mar.
Y buscan la libertad.
Mis pájaros,
ya libres,
como tú.
Mis pájaros,
con libre albedrío,
no miran atrás,
libres
y así vuelan ya,
libres.

Lineal (Número 10)

Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
que me separa de ti.
Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
si sólo me da
sufrimiento,
en su esplendor.
Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
si sólo miro tu cara
y escondo
mi triste mirada.
Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
sino me sirve de nada.
Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
en la que tambalea
mi alma.
Y por qué sigo
en esta línea,
nefasta,
que a ti tanto
me ata.
Y por qué…
Y por qué…