Mi suplicio (Número 306)

Sufrimiento…

sufrimiento

llevado al extremo.

Un tornado de dolores

instalado en mi cuerpo,

no soy quien yo era…

con esta carga en mis venas,

sufrimiento…

sufrimiento.

Mi suplicio, una cura

antes de tiempo,

antes del empeoramiento,

antes de que mi enfermedad

me traicione.

Sólo sé…

que mi cuerpo luchará

mientras pueda,

con fuerza interna,

con fuerza externa,

sufrimiento…

sufrimiento…

márchate de mi vera.

Ese apoyo (Número 303)

Juicio de mi sobria batalla,

mis comienzos,

en un hospital comarcal,

una doctora estupenda,

su nombre, Gema.

Me mira, cierro mis ojos,

hurga en mi cuerpo

con soltura,

experiencia le sobra.

A su lado, una estudiante,

seguro que algo aprenderá.

Y una auxiliar

que apunta maneras,

cariñosa, recta.

Hoy, un estupendo equipo,

para ver mis células,

clavan una gran aguja gruesa

y cogen más de una muestra.

Y, la consulta, llena.

Hablo con una señora positiva

¡qué encanto!

¡qué ánimos que me da!

Y, a la salida, no la veo,

se ha marchado antes que yo.

Y, allí, mis primas,

ya han ido por mi camino.

Y me acompaña mi hijo,

él me apoya con cariño.

Y le cuento lo que mi doctora

me ha dicho:

puede haber cambios,

tu diagnóstico, en el aire,

la culpa, un nuevo hallazgo…

y, yo,

me estoy volviendo loca.

Y, mi amor,

en la distancia, me dice:

tú, positiva,

no va a ser para tanto,

la suerte de tu lado,

todo será un milagro,

tu milagro.

Y llego a casa

con dudas en mi cabeza,

aún así,

mi cara no lo refleja.

Y, mi madre, me espera

sentada en la puerta.

Y asustada me dice:

hija mía,

¿qué te han hecho?

¿vienes bien?

acuéstate tranquila,

no te vayas a mover,

yo te ayudaré.

Y, yo, con gran pena

y con este poema,

os digo:

muchas gracias a todos,

necesito vuestro apoyo.

Impoluta (Número 300)

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo,

con esta racha de pesquisas

en mi vida.

No supero la pena

de mi enfermedad.

Mal paciente,

sin engranaje, sin constancia,

sin hilos, sin costuras,

con gran cantidad de dudas.

Me aturde mi diagnóstico

de locura,

tan cruel, tan tosco

y con tan poca cura.

Me ha tocado,

una sombra que me abruma.

Y, en mi mundo, pienso

en mi sepultura.

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo.

Y hasta, quizás,

tenga cura.

Blanco y negro, crudo,

ahora, todo lo veo

mas yo lucharé impoluta.

Esperanza (Número 297)

Pensamientos raros

dentro de mi cuerpo,

con esta enfermedad,

que ataca, por sorpresa.

Hasta creo que mis antepasados

me quieren con ellos;

lo afirmo,

seguramente, cierto.

Y, en mi espíritu,

esa marca, esa idea,

la justificación para mi mal,

al cual, yo no encuentro

significado terrenal;

sólo el celestial me hace digna,

en este tortuoso camino

que tengo delante…

camino de cambios,

de dolores, de pérdidas,

de sufrimiento.

Y sólo sé que un dolor,

tan grande,

sólo es posible en algunos seres,

los escogidos, no al azar,

para sufrir casi…

como el Señor en la cruz,

sin quejas,

soportando todo, con la esperanza,

de que sirva para el futuro

de los hombres…

una cura será posible,

seguro, en un futuro.

No miraré atrás (Número 296)

Qué mala noche,

picor en mi cuerpo,

sueño despierta,

mis anhelos, en secreto,

mi mágico mundo,

con mis amuletos,

con mis estampas bendecidas,

con mis canciones favoritas

y con mi amor a esta vida,

a este paraíso

que tanto me gusta.

Y, a veces, la vida,

en mis sueños, se me va;

no puedo detener su escalada,

casi sube a los cielos,

no puedo pararla, no puedo.

Y siento mi hora de volar,

mi despedida de todo lo terrenal.

Y pienso sólo en mi descanso,

en mi futuro descanso…eterno,

casi seguro.

Y esperaré a que las estrellas

me hagan un guiño,

las seguiré con mi deseo

de volar…

volar hasta el firmamento.

Y no miraré atrás, así,

no veré lo que aquí dejo,

amores míos…

yo, siempre,

os seguiré queriendo,

Veintisiete de febrero (Número 290)

Casi tenía un toro lidiado

cuando se me presenta otro,

de menor tamaño,

no sé qué idea traerá;

quizás venga con más maldad.

Fuerte contra él,

resistiré con alegría;

resistencia, cada día, en mi lucha.

Una batalla que me ha elegido,

nevando mi cuerpo,

con malas flores en mis células.

Y mi bravura me acompañará

en mi lucha; una lucha injusta,

nevadas sin condiciones

que me llegan por sorpresa,

clavos por mi cuerpo,

en esta vida nueva.

Voy a la guerra, mi guerra,

causa de genocidio en este mundo.

Mi valentía y mis compañeros,

en pie de guerra,

lucharemos hasta el final,

todos contra ella.

Grises (Número 286)

Y mientras la vida sigue,

a mí, se me ha detenido

mi tiempo, en un sólo segundo,

se me ha paralizado.

Y la vida me da,

el tinte de los grises,

con un toque de sabor amargo.

Y por mucho que hurgue

no vuelco esta situación,

la solución,

no depende de mí, no.

Y llena de tristeza,

con mi ánimo

que ha bajado a los suelos,

el día se me hace eterno,

mi sufrimiento, por dentro.

Y no quiero perder

un rayo de esperanza

para ganar esta batalla

que me ametralla.

Y, mi necesidad,

vestirme de colores verdes,

alegrar mi vida diferente,

no darme por vencida,

mirar al milagroso cielo

y, gritar,

todo lo que yo te quiero.