Qué mal estoy (Número 349)

Qué mal estoy,

creo que hoy

he de ir hacia atrás,

a marchas forzadas.

Esto, conmigo acaba:

tanto me detengo,

en este mal momento,

que ni respirar puedo.

Me quedo sin aliento,

la fuerza para comer,

insurrecta.

El deseo de tragar,

quieto, sin dormir,

sin mirarme al espejo.

Qué mal día estoy pasando,

no puedo ni escribir.

Mis ojos, agotados,

llenos de sepultura.

Qué mal estoy,

creo que hoy

he de ir hacia atrás

Tu ideología (Número 348)

Calma, calma,

cierra tus ojos,

sin vuelo, que se detenga

el despertar de tus canciones,

sinceras con el anhelo de tu cambio.

Entras en la espléndida luz

de tu corral donde, sin vencedores

ni vencidos,

estarás, al menos, unos días,

en unas filas,

donde no importa

ser de derechas o de izquierdas;

nadie te va a preguntar

tu ideología social.

Mientras te intervienen

eso no va a importar.

Calma, calma,

todo tiene su tiempo,

todo tiene su sentido,

similitud con la gracia de la vida

que te premiará,

en la estratosfera celeste

con un caluroso aplauso,

cuando te suba,

volátil, hacia arriba

y, tú, vivas…mucho más.

Se acerca ya (Número 344)

Y “que no me llamen”

quedó atrás.

No lo pienso más, hoy,

tres llamadas en un plis de plas,

una llamada…tras de otra.

En la primera,

una señora, me informa

que el día tres, ingresaré.

Y que, antes,

debo pasarme, por el semisótano

del hospital, allí,

una prueba me harán.

Después,

en la primera planta,

analítica rutinaria.

Puedo ir a comer,

hasta las cuatro,

no ingresaré.

Debo llevar todo preparado

pues me quedaré.

Pasaré por admisión,

registrarán mi ingreso,

el día se acerca ya.

Y, esa señora, me saluda…

encantada de hablar con usted,

si necesita algo,

llámeme

Y, al rato,

suena de nuevo mi teléfono;

me cita, una doctora,

para el mismo día.

Quiere hacerme un frotis,

me dice…

que no duele,

que no tenga prisa,

que puedo ir después de desayunar

que, ella, esperará.

Y, todo esto,

en el mismo día,

¿quién lo diría?

Y, todo esto,

el 27 de marzo,

ya cerca de mi operación.

Con ella, mi vida,

dará un gran cambio,

lo sé,

mas nada, yo, puedo hacer.

Revisión sin conexión (Número 342)

Y, ayer,

otro día de pruebas

en esta vida,

algo chocante,

de hospitales.

Diréis que soy quejica.

Fue un día de suerte,

sin pinchazos,

sin malas noticias,

sin incidencias.

Tan sólo,

una prueba de rutina,

repetida de otro día.

Y termino pronto,

pues esta chica, anestesista,

con algo de prisa,

apenas mira mis ojos;

muy poca conexión

entre nosotras.

Diréis que soy quejica.

Mas no me gusta

esta consulta de hoy.

Cuatro señoras,

hablando entre ellas,

algunas, se marchan

y se despiden unas de otras,

se desean un buen día…

Y, a mí,

ni me miran.

Diréis que soy quejica.

Y, es que aquí,

yo sólo soy un número

y, esta consulta,

baja mis ánimos.

Y, tan sólo, unas notas,

unas firmas…

Adiós…

hasta otra.

Muchas gracias por todo,

(aunque haya sido poco).

Diréis que soy quejica.

Señales (Número 341)

Vaya noche,

mi cama desbaratada,

la manta por un lado,

el edredón por otro,

la sábana en el suelo.

He descansado poco,

toda la noche soñando.

Un médico, detrás de mí,

con una funda de preservativo,

en todo su cuerpo;

quería violarme.

Yo corría entre matorrales,

después, me subía a un ascensor

descomunal,

Y, él, allí seguía,

cada vez, más cerca.

Yo, cada vez, corría más.

Y una señora,

bastante rara, por cierto,

con él detrás.

Me decía no seas “saboría”

este hombre te quiere amar.

Yo me ponía como loca

y, cada vez, corría más;

por montes,

con el crepúsculo de la noche,

por ferias,

con el gentío de la gente,

por lagunas, por ríos…

toda la noche en un grito,

con la ruta de un alma

desesperada.

Yo quería reencontrarme

con el amor de mi vida,

vaya noche, ¡qué pesadilla!

Y me despierto,

con la presión de ese sueño;

una señal, seguro,

para el día de mi operación.

Yo seré rehén de un médico,

de uno no, de varios.

No voy a correr,

confío en ellos.

Y dormiré mucho…seguro.

Reguera de dolor (Número 339)

Calambres, calambres

en todo mi cuerpo.

He tocado un cable

de alta tensión,

me deja pelada.

Un cambio en mi vida,

estoy que ardo.

Calambres, calambres

en todo mi cuerpo.

Un gran quemazón

recorre mis venas,

estallan calambres,

calambres

en todo mi cuerpo.

Mi protección

no me ha servido de nada.

Y pongo la cabeza

sobre mi almohada,

no cojo el sueño,

una dura batalla

traspapela mi vida

en una amargura dolorosa.

¡Quién pudiera borrar

algunos fatídicos días

de mi calendario!

Se me cierran

mis conductos,

sin respiración,

mi cerebro alicaído,

pájaro perdido de su nido,

ante una impostora,

con su daño, sin cautela.

Quizás,

presente mi dimisión

ante mi reguera de dolor;

comenzó

un triste uno de febrero,

maltrecho ese día.

¡Fuera de mi calendario!

¡Quiero borrarte!

Que alguien me enseñe

cómo hacerlo,

sin dejar este universo,

por favor.

Calambres, calambres

en todo mi cuerpo…

Hipocresía (Número 334)

Hipócritas, hipócritas,

el mundo…lleno de hipocresía,

una verdad de la vida,

mucha hipocresía,

un círculo vicioso,

falsas personas

te consuelan,

falsedad en su mente,

quizás, no en sus corazones.

Y pasan de ti

en todo momento.

Tus problemas,

le importan un pimiento.

Y, otra vez, te dirán lo siento…

cuando al darse la vuelta

o, quizás antes,

una falacia todo.

Repletos de hipocresía,

hipócritas…hipócritas,

yo lucho,

yo…no quiero serlo.

Fuera del telón (Número 329)

Me duele esta noche

mi vida,

delante de mí…

una nueva enfermedad.

Ya comienza…

mi estancia hospitalaria,

una incógnita rara,

en una noche machacada,

dolorosa noche

de ostras contaminadas,

ante un destrozo,

de un trozo de mi cuerpo.

Y, con una lúgubre miseria,

con faltas en mi coyuntura,

me relego a un solar,

sin estirpe ni aventuras.

Y, con esta cruel droga,

enfermiza droga,

mis mieles me postran

en una calmada estrella,

con un subidón,

fuera del telón de mi vida,

de mi pobre vida.

Y, poco a poco,

o, un mal final,

o, un buen comienzo.

¿Quién sabe…?

Y, en pocos días,

lo sabré, quizás…

pueda contarlo.