Injusta la muerte (Número 320)


Alba de luna nueva

por los campos centinelas,

cubiertos de sales y arenas,

firmes, en un estado

de supervivencia,

tras la muerte, obsoleta,

de figuras, reemplazables,

en esta tierra de nadie,

con el título de la muerte,

a cuestas, en la espalda,

de quien la piensa

y, en las manos,

de a quien le llega,

por sorpresa o esperada.

Me aferro,

en un holocausto

de guerras sangrientas,

donde hasta,

la palidez de una enfermedad,

me parece bella.

El soponcio

de una muerte lenta,

me da, de cruces,

con una realidad de la vida,

que nos lleva, poco a poco,

a desaparecer de esta tierra,

¡para siempre!

Entiendo la pena,

de decir adiós,

a tantas cosa, queridas y bellas.

Injusta la muerte…

mi muerte…