Nombrándote (Número 293)


Mil ave marías

te dedico a ti,

tan solo, para verte,

junto a mi cabecera,

en el día, de mi despedida,

de este paraíso terrenal.

Sé que, tú, no vendrás

a despedirte de mí,

¡lo sé!

Alguien, con pena,

al oír, tu nombre,

en mi despedida,

te lo dirá.

Tu mano, en mi mano,

sentiré aunque, tú, no estés.

Con mil ave marías,

te seguiré, llamando,

en mi agonía.

Amor mío, así de triste,

será mi despedida,

con un enjambre de abejas

en mi pecho,

sonando, en círculos,

en una reunión,

ruidosa de lujuria…

Yo, te seguiré,

nombrando,

sin poder.

Y, mi corazón, se parará

con, tu alma, dentro de sí.

Y, mi boca,

seguirá nombrándote

hasta en mi último aliento

de vida.

Y no te irás de mi mente

hasta, que no me vaya yo,

a mi otra vida, sin ti,

amor mío.

Y, allí, te esperaré

mientras yo viva…

por el resto de mis días.