Levantar la mano (Número 262)

Poncio Pilatos levantó

su mano.

Hoy, no se imagina

esa magnitud,

causa de dolores,

en corazones nobles,

con reglas inhumanas,

en almas de sabiduría celestial,

que indagan en las consciencias

de una loca sociedad,

desfasada de todo mal,

con la insurrección de la maldad,

del enfrentamiento abismal,

entre seres humanos.

Y, Poncio Pilatos,

levantó su mano

y, hoy día,

verdaderamente:

¿quién o quienes

no levantan su mano?

-que diga yo, pues,

es un gran privilegiado,

sin duda.

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