Pícara tu vida,
con trueque de serie
y tu estado avatar,
en una mudanza hacia
tu triste caserío
donde yo contemplo
ese avatar,
esa imagen real
de tu interior, transparente.
Y, sin embargo,
el tambaleo de tu ser,
te hace una marioneta,
parturienta, de gravámenes mortificados,
hacia la ubicuidad
en tu intemperie
donde tú te pones
para verme.
Sin ninguna duda,
yo te he dicho adiós,
yo te he calificado,
en mi ser,
como un abandonado teclado
de cuerdas
para no tocarlas,
jamás.

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