En Europa (Número 61)

Y no vienen en barcos de lujo.
Y no vienen en yates de alcohol,
ellos vienen hacinados,
con la cara del horror.
Y tantos niños
que pierden su vida,
presas del océano
que a tierra
los manda muertos,
adiós a esas angelitos,
ninguno cumplió sus sueños.
Y no vienen en barcos de lujo.
Y no vienen en yates de alcohol
ellos vienen hacinados,
con la cara del horror.
Y los jóvenes que llegan
con los ojos del dolor,
reflejan su miedo;
ese miedo
a la oscuridad,
perdidos,
en el vacío del ancho mar
y sin conocer dónde llegarán.
Y no vienen en barcos de lujo
y no vienen en yates de alcohol
ellos vienen hacinados,
con la cara del horror.
Y las mujeres
acongojadas y con pena
muy duro todo para ellas.
Y no vienen en barcos de lujo.
Y no vienen en yates de alcohol,
ellos vienen hacinados,
con la cara del horror.
Ellos nacieron allí
y pretenden vivir aquí.
Y ellos luchan
por sus hijos.
Y ellos luchan
por su gente
Y ellos luchan…
por ellos mismos
porque una vida mejor
puede ser…
quizás

Anaconda (Número 57)

Estivales doncellas,
protectoras de mi carne,
encuestas a mi perdón
por la tremenda visión
que poseen de mi corrupción.
Y se imponen
ante todo lo superfluo
que me invade.
Y, cada vez,
más arraigadas
por mi relatividad mundana.
Y, así, golpean,suavemente,
mi frente para recomponerme
con fe,
en la castidad de mi vida,
en la castidad de mi ayer,
olvidado,
por la anaconda del placer,
por la anaconda del poseer.
Y, así, despierto alobada
de esta temible desventura
de mi vida de interés.

Mercado laboral (Número 47)

Venga papeles
y venga enredos,
ya me conoce
hasta el copistero,
no pasa nada,
doy los perfiles,
yo me lo creo.
Y !cómo no!
eso es lo bueno,
doy los perfiles,
doy los perfiles.
Y es que así llevo
años y años,
doy los perfiles,
¡ay qué mareo!.
Doy los perfiles,
¡qué cachondeo!
Y mañana
¡qué bien!
otra entrevista,
¡estupendo!
y mi currículum
yo me lo leo,
en mi carpetita
yo me lo llevo,
no pasa nada,
doy los perfiles,
yo me lo creo.
Y todo, todito
yo lo relleno,
no dejo en blanco
ni un sólo hueco.
Y cuando llego,
menudos nervios
y todo avanza,
¡ay qué misterio!
no tengo puntos,
contactos cero,
sólo,
doy los perfiles,
yo…
doy los perfiles,
¡qué cachondeo!
Y para mañana,
otra llamadita
y otra…y otra,
cojo el teléfono,
doy los perfiles,
Y todo es humo
y montaje puro,
¡qué vida llevo!
doy los perfiles,
otra vez,
doy los perfiles
para un nuevo empleo.
Y después, al final,
en ninguno quedo,
sólo doy los perfiles,
¡qué cachondeo!

Por la no violencia (Número 39)

Alguien extraño

en mi cama

con rabia desesperada,

mucho que desear

incluso, cuando

con su sonrisa

de salvaje vereda,

con giros desesperados,

sujeta mis manos;

mis manos

temblorosas,

con mi cigarrillo,

casi acabado,

con su lumbre presente,

ya ceniza, devastado.

Y , sediento,  mi calvario,

más nítido aún,

mis recuerdos,

vivencias crudas

de aquella realidad

de sufrimiento

antes de su marcha,

recuerdos,  recuerdos…

Y mi vista enredada

en esos ojos de maldad

y mi cuerpo sudoroso,

vencida ya,

mi Venus intrínseca

pedalea

por mis arterias,

ventoleando,

con el aire de su cuerpo,

llorando,

en una soledad

coronada de mi pasaje mudo,

entre la muchedumbre

cansada,

recuerdos, recuerdos…

y qué hago,

recuerdos,  recuerdos…

Niñas diosas (Número 38)

Con ímpetu, al alba,
un claro de luz
se abre paso
en mi pecho,
cual ave troquelada
por un presente libre,
exento, pues,
de las encerradas
tropelías
de una borrascosa vida,
de niñas diosas
que no miran
a sus esposos,
tiranía de voraces
malévolos,
mayores viciosos,
sempiternos impuros,
ante la inocencia sagrada
de preciosas diosas.
Y, con su afán,
estas mentes,
descabelladas,
volcanes salvajes,
con magma destructor
comienzan su recorrido
en la esfera tortuosa
de la inocencia,
un parámetro infringido
por un esposo malhechor
y protegido
por una ley inmoral,
sacrificio de niñas diosas
con una entrega forzada,
y, con sus votos de castidad,
difamada
en una inhumana relación
de darlas al mejor postor
siendo, aún, una menor,
niñas diosas de cuerpo y alma.
Y ojalá
se ponga fin
a esta cruel atrocidad.
No más momentos de dolor
infernal
en el alma de niñas diosas,
niñas diosas sin protección,
Y, sólo ellas,
conocen ese dolor
que matiza
su alma de palidez
con una lamentable pena.
Hombres dignificados, unámonos,

sin dilación.

Nefelibata (Número 29)

Sublime silencio

que desgarra

con esta triste agonía,

con esta carga de dolor,

tan grande,

entre respiración

y respiración ,

del fin al inicio

de mi existencia.

Y,  entre nubes blancas,

imágenes  de mi vida,

un paseo por mis recuerdos,

por mis actos consumados,

un paseo por mis recuerdos,

por mis actos no realizados.

Y todo cerca de mí

y todo frente a mí,

en un espejo.

Y agonizo

partícipe de mis vivencias

y mis sentidos extenuados,

límbicos  sentidos.

Y observo mi mundo

interior

y no vuelvo a mi mundo

exterior, imposible,

no puedo ya.

Y camino hacia mi ser.

Y mi cuerpo,

en una expiración,

se paraliza con un suspiro.

Y mi fuerza nueva,

recargada,

hacia una energía superior.

Y,  todos  mis movimientos,

ya, en otro extremo,

en mi mundo interior.

Y,  ahí,  con mi asombro,

brota mi nueva vida,

delante un sendero,

por él  yo vuelo

entre plumas blancas

de terciopelo.

Y,  ya,  en otra dimensión,

dejo este mundo,

prosigo mi vuelo.

Y en la lejanía

al irme,

lamentos,  lamentos…

por un duelo,

mi propio duelo.