Flores ( Número 403)

Vivo en un estado irrisorio

de magia potagia,

no estás a mi vera

más te siento.

Tus palabras golpean,

en mis oídos,

en las noches de luna llena.

Tu dictamen, anclado,

soterrado en mi tímpano;

así llevo más de tres lustros.

Y, con mi magia, no te perderé,

compañero de mi vida.

Mis extraditados pinceles

te tienen un hueco

cerca de mi corazón

Y, tú, mi segunda piel,

para toda mi existencia.

Y, tu calor,

me da energía celestial.

Y, de tanto como te quiero,

flores en los cielos eternos.

Mi merienda (Número 402)

Bueno, bueno…

ya ingreso.

Mis papeles, mis pegatinas,

mis pulseras identificativas,

una con mis datos,

otra, la del banco de sangre.

Espero al celador,

me aconpaña a la quinta,

quinientos diecisiete,

mi habitación,

no se me olvida.

Voy al control,

hora de la merienda.

Y la pinche, mi paisana,

me da un descafeinado

con unas galletas,

¡qué ricas!

siempre me han gustado.

Y en mi habitación,

dos mujeres mayores,

mucho más que yo;

las dos, ochentonas.

Yo, ahora, a descansar

que mañana esta aquí ya.

Caminante (Número 401)

Triunfo contigo a mi lado,

con la coletilla de un enjambre

que llena mi alma,

con este poema de amor,

para ser mejor.

Y, si el dolor asoma a mi puerta,

yo triunfo contigo,

con tu presencia

que rasga, en mi alma,

cual una guitarra flamenca

y así me camelas.

Puede que me ciegue mi dolor

y no vea las buenas yerbas

más, mi alma, me abre

el camino de un poema.

Y triunfo contigo

pues, las palabras de tus versos,

para mí, fuego y arena.

Y, con mi semblante de poeta,

triunfo, triunfo.

Y llego a ver la luna grande,

la luna llena

Y el sol del sur,

el sol dorado,

Y el atardecer de Cádiz,

el atardecer bandolero,

Y el amanecer gaditano,

el amanecer suculento.

Y la noche pálida,

en el firmamento,

que se me abre a mis tormentos.

Y, cada noche,

cuando cruzo las puertas

de mis poemas

y cuando me entrego a la lectura,

tan tranquila de mis tristezas,

yo sonrío,

pues sé, que sobreviviré

ante todas estas pruebas

que soslayan mi alma.

Y te lo cuento, antes de ser,

perdedora de los planes

de una locura

que se metió en mi vida.

Y, hoy, sostengo en mis manos,

encima de mis hombros,

una copa de vida

porque yo he vencido

a lo malo del destino.

Y lucho y lucho

y por eso…sobrevivo.

Escucha (Número 400)

Bing bang bung,

tres disparos de amor al cielo,

haciendo ruido para ti.

Que tiemble el universo

y tú seas parte de mí.

Que tú quieras agarrarte

a mi cuello para no perderte,

en el miedo inexplorable,

de una hibernación salvaje

que te presenta

a los reyes de la naturaleza

y te desploma la cabeza,

de un sólo disparo…

Pero yo te amo tanto

que mis disparos de amor

vuelan hacia ti.

Tú sientes algo raro,

te sientes distinto a los demás,

tus murciélagos se han espantado

y vuelan cervatillos

hacia donde tú estás,

buscándote a ti con mi reguero.

Y, sobre ellos, recae

el amor volatilizado

que yo siento por ti,

escúchalos…

Horror (Número 399)

Celebraciones absurdas,

más y más celebraciones,

el mundo del descosido,

caminamos a lo loco

derroche tras derroche.

Y en otros lugares…

hambre y más hambre.

Es tiempo de recapacitar,

la situación lo pide a gritos.

Estamos muy ciegos,

también muy sordos.

Y somos algo raros,

nos ponemos una careta,

hablamos de hacer el bien

¿pero a quién?

Si ése no piensa como yo,

¡qué horror! no lo miro bien.

Si ése no es de mi raza,

¡que se vaya a su casa!

Si ése no es de mi linaje

¡que coja su equipaje!

Pasan los días

y nada hacemos;

sólo hablamos,

sólo palabras huecas,

que van de cabeza en cabeza.

Miramos hacia otro lado

y nada arreglamos.

Horror, horror…

Ya lo sabéis (Número 398)

Mañana saldré, de nuevo,

de paseo por mi pueblo,

con mi dolor.

Y no me preguntéis más

lo que me pasa.

Nubarrones de pena,

chamuscones de llantos,

agua fina de calvario,

lluvia de lamentos,

granizada de tormentos.

Me pasearé, de nuevo,

por mi pequeño pueblo.

Ya me conocéis bien,

ya lo sabéis todo.

Y no me preguntéis más

qué me pasa, por favor,

¡no me lo preguntéis más!

¡dejadme de malos recuerdos!

¡dejadme tranquila!

Ya lo sabéis todos…

y todas.

Te amo (Número 397)

Y si tú no existieras

yo te habría inventado,

pernoctas en mi alma,

de un tiempo pasado.

No tengo ninguna duda,

he caminado a tu lado.

Te he amado a mi manera;

los delfines, las sirenas…

danzan dentro de mí,

así yo soy feliz.

Tu imagen vespertina,

con tu delicado amor,

fortalecen a mi corazón,

con un misterio perenne,

dentro de un mundo

en el que me encadeno a ti;

cadena perpetua contigo,

tus esposas, música para mi alma,

las llaves, fluyen por el río…