Y vivo,
sin decanto,
en las penurias
de salientes fantasmas
que me apartan
de una sociedad instaurada, tambaleante,
ante el drama
de la calentura de
un pueblo fantasmal,
donde, leo, tu pensamiento.
Y, me arrastras,
a tu interesante gol,
para festín,
que ya me reserva,
tu auténtica pluma
para que, yo, la vea.
Deja un comentario