Y, con tu indiferencia,
dolorosa para mis átomos,
me punzas el corazón
y, un clavo ardiendo,
mata la sonrisa de mi alma.
Y, me dejas,
mustia, perdida…
Y, me muestro, equivocada,
con el mayor dolor de mi vida,
con este, sin vivir, a tu vera
y, con miles de liturgias,
por cumplir.
Y me hundes,
con tu indiferencia,
en un bálsamo de penas,
atrozmente, ahogada,
¡sin supervivencia…!

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