Sin vivir (Número 240)

Y, con tu indiferencia,

dolorosa para mis átomos,

me punzas el corazón

y, un clavo ardiendo,

mata la sonrisa de mi alma.

Y me dejas mustia, perdida.

Y me muestro equivocada,

con el mayor

dolor de mi vida,

con este sin vivir a tu vera

y, con miles de liturgias,

por cumplir.

Y me hundes,

con tu indiferencia,

en un bálsamo de penas,

atrozmente, ahogada,

sin supervivencia.

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