Un guiño (Número 233)


Vertido celestial

de tu cauce dentro de mí.

Tus caricias, en mi piel,

delicadamente,

posees mi templo interior.

Solo tú, me conoces,

solo tú, con el tallo,

de tu lustrada flor,

tomas, en cada margen

de mi vida,

mi candela inmortal,

ante la bestialidad

de la tierra,

que me da palmadas,

con pasos gigantes.

Y, tú, desnudas mi alma,

hasta pulirla, para ti.

Y, con ella,

pongo, mi barbilla,

en tu corazón.

Y te sonrío, en este balcón,

cuajado de flores.

Y le hago un guiño,

a tu amigo Brinco,

en tu nombre.

«Amicitia vera illuminat «

(La auténtica amistad

ilumina)