Pues tengo,
ganas de verte,
en este día triste para mí.
Delante de mis narices,
¡una inmensa mentira!
Yo no te hice caso
cuando me mandaste callar,
en aquel momento, sí,
en aquella tertulia
que molestó a los presentes.
Y, ellos mismos, hoy,
me perjudican.
Su rabia,
todavía, les dura.
Yo, no me alejé rápidamente,
¡imposible!
Yo, no encontré,
un lugar idóneo,
para esconderme de las ratas
que, precisamente,
me persiguen
hasta en estos días.
Así que, hoy,
¡tengo ganas de verte!
«Mandatum pecuniae
credendae».
Mandato de prestar dinero
a un tercero determinado.
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