Cuán largo tu camino,
enredado con el mío,
en un punto ciego
de nuestro destino.
Y, cuán larga, tu alborada,
se amarra en mi cielo
y me cantan geto-dacios,
despacito, a mi vera.
Cuán cierto
que me amas,
me llenas de milagros,
en el amplio sentido
de la palabra.
Cuán larga espera,
mi amor,
ha merecido la pena.
Cuán silencio entre los dos
para calmar nuestro dolor,
hundidas nuestras vidas,
por separado.
Y, cuán necesaria,
nuestra unión, al fin,
se consumó.
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