Enfermiza (Número 199)


Hoy, de funeral,

casi sola, me dirijo

a una estatua que mira,

mi cabeza, fijamente.

Con una voz poderosa

y triunfal le digo,

¡que me deje en paz!

¡que su extremo me la chifla!

¡que su poca vergüenza

no me domina!

¡que su lastre,

simple y traicionero

para este mundo,

lo dejo atrás!

¡que los pasos anteriores

no los vuelvo a dar!

¡que no retrocedo en mis

principios!

¡quevsu mente, retrógrada,

avanza

en una dirección tosca!

¡que clava puñales

por donde pasa!

¡que remata corazones

con alfileres venenosos!

¡que, con su lengua

musculosa,

destroza, la más decorosa

y radiante vida,

de pequeños seres!

¡Ellos piensan como yo!

simplemente,

¡ni marginan

ni vilipendian a otros seres!

Y con solo decir ¡basta!

no se detiene tal atrocidad

de locos y denigrantes.

Vuelta a empezar,

con este bálsamo dañino,

hasta en la médula,

de una víctima inocente

de esta interesada sociedad,

de naturaleza viva,

mas,

de alarmante mezquindad.

Una respuesta a “Enfermiza (Número 199)”

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.