Mi pesar furioso y

delatador,

mi pesar urente hasta mis

cejas,

por tanto miedo a tus

candilejas,

pozo en mi sepulcro

demoledor.

Suspiros por tu temple

aclamador,

en mi espejo, tus querencias

viejas,

cazadoras de mi vida, sin

quejas

y sin desplantes de

chasqueador.

Con mi poema, mi sagrado

loto,

con tu candela, albor y

pasión,

conjuro de amores, el mejor

voto.

Y mi riqueza, tu

veneración,

magnate de mi vasto

alboroto,

chiribitas de

resucitación.

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