Tu sonrisa, elixir de luz
brava,
traspasa mi simiente
coronada,
tapiz de mi córnea
plateada,
la brisa de tu sonrisa, me
cava.
Cautiva de tu sonrisa,
esclava.
Maíz para mi duna
enamorada,
nácar como perla gris
azulada
con soplo de huracán que me
agrava.
Duerme tu sonrisa en mi
cabeza,
profesora con sus gratos
talentos,
ponto revelador de tu
riqueza.
Con santos en sus sólidos
fermentos,
obnubilada por su fortaleza,
con enredos por la sed de sus
vientos.

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