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Por la no violencia (Número 39)

Alguien extraño

en mi cama

con rabia desesperada,

mucho que desear

incluso, cuando

con su sonrisa

de salvaje vereda,

con giros desesperados,

sujeta mis manos;

mis manos

temblorosas,

con mi cigarrillo,

casi acabado,

con su lumbre presente,

ya ceniza, devastado.

Y , sediento,  mi calvario,

más nítido aún,

mis recuerdos,

vivencias crudas

de aquella realidad

de sufrimiento

antes de su marcha,

recuerdos,  recuerdos…

Y mi vista enredada

en esos ojos de maldad

y mi cuerpo sudoroso,

vencida ya,

mi Venus intrínseca

pedalea

por mis arterias,

ventoleando,

con el aire de su cuerpo,

llorando,

en una soledad

coronada de mi pasaje mudo,

entre la muchedumbre

cansada,

recuerdos, recuerdos…

y qué hago,

recuerdos,  recuerdos…

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