Esa luz azulada,
tus ojos, reflejan
una vida eterna.
Recuerdos de mi niñez, en tu piso,
con mi abuela.
Tus libros, bajo el sofá;
una mujer adelantada para su época,
siempre, te gustó la lectura,
cultura, no te ha faltado nunca.
Y, las muñecas de tu hija, todas tan bien puestas; recuerdo la vestida de soldado,
yo, nunca tuve una como ésa…
Y, en todas las fiestas familiares, tú, no faltabas, nunca un desaire para nadie.
Tu sonrisa te alumbraba y tus ojos lo corroboraban.
El tiempo ha pasado,
muchos años a tus espaldas, noventa y nueve.
Hoy, te hemos dicho adiós,
tita Antonia, la de mi tío Francisco, ya estás con él (no quería estar solo).
Espérame tita Antonia, un abrazo fuerte y siempre te recordaré…
Besos al cielo…
14/10/26
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