Cierro mis ojos,
la oscuridad, de reojo,
el malestar, mi desplomo,
las bazas perdidas,
en mi retina,
el triste malestar
de una vida en las pontificadas
esquinas, con comienzos
sin rutinas, con sabores desmedidos,
en la historia carmesina,
con puños de camomila,
el refresco de una dulce vida,
el intelecto que me lo comunica.
¡Gracias por estar viva!
Abro mis ojos, con ganas,
para dar la bienvenida
a una primavera anhelada
que ronda por mis esquinas.
Mercedes Luque Navarro

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