Paz, sosiego, profundidad, la vida me lo da.
Caminantes incansables,
rutas inquebrantables,
quietud de mi coraje,
las cosas de las que hablamos, ahora y antes.
El poderoso cuarto creciente, la luna nos protege.
Las ilusorias portadas, venciendo, a la vida, tú y yo,
sin grandes demonios, delante, el hastío que se fue,
la penumbra desaparecida,
entre soleados rayos de encuentros vivaces,
cogidos de la mano y el corazón arde que arde,
todo se va quedando,
los años lo van acentuando.
Tierra de contrabando,
tu cariño y el mío, enraizado, fuerte bajo la tierra, clavado…
Mercedes Luque Navarro

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