Descubrimiento (Número 909)


Dejaré que, mis lamentos,

se oigan en el mundo entero.

Me rajarán las costillas y el pecho,

con la fuerza del fuego.

Es el ruido que hace

cuando, mi castillo de naipes,

cae por los suelos.

Una a una, mis ilusiones,

rotas por el descontento.

Duras posturas,

yo vivo, en estos momentos.

El dolor, rompe,

la estructura de mi preciada vida.

Hoy, lejos, de todo lo bello,

lágrimas recorren mi cuerpo,

este cuerpo extravagante

que, ronda,

la misteriosa incertidumbre

de si vivirá, de nuevo,

los hermosos y dulces días,

con la pasión de tu cuerpo.

Hoy, aquí, postrada,

sin sabores ni elementos

que condicionen,

el amor, como lo primero.

La muerte de los acordes

ha llegado en poco tiempo

y, el pecho mío, sangrando,

¡no creo que viva de nuevo!

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