Sobre ti pongo mis manos,
débiles, atraso de este año,
por este dolor tan fuerte
que va a mi lado,
yendo,
incluso delante de mí,
por prados verdes
de atrevidas posturas,
indelebles.
Me quitan la vida,
me dan por vencida,
en esta mera rutina
de mi vida,
estricta cumbre.
Y, hoy,
delante de un fantasma,
mi amiga, desea mi ascensión
al polimorfismo,
amuleto,
de las ondas de Anacleto
en este estado,
adverso de aventura.
Suma,
en este deshabitado pueblo,
postureo de ángeles,
falaces demonios,
postrados, ahora,
para ver mi nuevo estado,
mi desgracia
ante la noria vieja,
de la fuente de tu vida.
Sacúdete conmigo, vida mía,
no verás otra pócima,
no tiene sentido,
curaré tus heridas,
entre las capas de mi vida.
Me pondré hasta venerarte,
una vez más,
con el amor de mi agonía
que me espanta cada día.
El jeroglífico de nuestro amor
pongo en tus manos,
con la pista ya dada,
para que me ames como antaño.
Tú y yo,
con abrazos de otras vidas,
nos alabamos,
sin mentiras y, saboreando,
cada roce de nuestras mejillas,
cada roce de nuestros labios,
cada roce de este cuerpo.
Nuestros espíritus,
siempre han estado juntos,
son eternos.

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