Amor, Desamor

Imponente (Número 412)

Lo último que me has dicho,

imponente, casi siempre

me das pares

y no sé ¿por qué?

hoy, me das nones.

Tu locomotora cambia de rumbo,

sin hacer un alto en el camino,

sin pedir ningún permiso,

a lo loco.

Y, mi cuerpo sufre un ictus,

mi corazón cae a pedazos.

Y, mis manos, despojadas de ti,

sienten tu pérdida,

pinchan cual atroz cactus.

Y lloro hasta con mi piel,

con mensajes esperantos.

Mis ojos se han secado,

mi alma,

se ha colado en mi corazón;

juntos lloran los dos,

imponentes,

por el sinsabor, amargo,

de tu amor.

Y, como un toro de “Miura”

te pones frente a mí,

con esa bravura

que me da un telele,

imponente.

Y, con esa mirada desafiante,

me haces sufrir hasta desde lejos.

Y me quedo, a solas,

con mi poca casta brava.

Y no aguanto más…

mi alma destrozada,

siniestro total.

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