Mi merienda (Número 402)

Bueno, bueno…

ya ingreso.

Mis papeles, mis pegatinas,

mis pulseras identificativas,

una con mis datos,

otra, la del banco de sangre.

Espero al celador,

me aconpaña a la quinta,

quinientos diecisiete,

mi habitación,

no se me olvida.

Voy al control,

hora de la merienda.

Y la pinche, mi paisana,

me da un descafeinado

con unas galletas,

¡qué ricas!

siempre me han gustado.

Y en mi habitación,

dos mujeres mayores,

mucho más que yo;

las dos, ochentonas.

Yo, ahora, a descansar

que mañana esta aquí ya.

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