Muerte (Número 369)

¿Por qué no me quedé

en quirófano?

En ese lugar,

donde seguro que, otros,

lo hicieron.

En ese lugar,

donde la muerte,

ya ha estado, seguro.

En ese lugar,

donde la muerte,

ya ha hecho su trabajo.

Y, disimuladamente,

estuvo allí, cerca de mí.

Yo la vi y, ella, a mí.

Se río en mis narices,

echó una carcajada al aire,

huyó entre un humo espeso,

con un olor a muerte.

Se giró hacia la derecha,

tenía otra cosa pendiente,

la muy pendona.

Y se alejó hacia otro lugar,

desapareció de allí.

Y, a lo lejos,

se escuchaban voces.

Se terminaba la agonía

de un hombre que daba

la mano al amor de su vida.

Y, entre llantos, cerró los ojos

con un sufrimiento somnífero;

la muerte se quedó allí, con él.

Y a mí, esta vez,

me dejó tranquila,

no sé porqué,

injusta que es…

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