Desayunos (Número 315)

Y estrujo mi pan,

cada mañana,

en este rico aceite de oliva,

con la alegría

de los campos del sur,

con la sabia

de un árbol sagrado,

memorable.

Y, así, se limpia mi cuerpo

y se lubrica con amor…

con la magia del sur.

Y me cantan, por bulerías,

con el arte a cuestas,

las naranjas de mi tierra,

exquisitas en esta jarra,

colorida y con gracia.

Yo me las bebo de un sorbo

y me sacan a bailar,

cada día, en esta tierra mía,

los desayunos con jolgorio,

curtidos con la frescura,

curtidos con la esperanza

de un nuevo día

y de una blanca luna,

¡qué hermosura!

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