Orden de alejamiento (Número 309)

Y, dónde voy,

si lo mío, no es ir,

sinuosa entre nardos

olorosos, me sirven

para tu adiós,

siempre y cuando

no te vea en ese mismo instante,

en el que has embarcado

hacia un rumbo delirante.

Y te atreves a censurarme,

si tú no sabes mi verdad,

¿por qué lo haces?

Mi siniestra verdad

en aquella tempestad amorosa

en la que me hallé inmersa,

con engaños de tu pasado

de tu enamoramiento falso,

de tu pasado fantasmagórico

que me clavaba

las peores armas nucleares

de la tierra.

Y, con ese pasado,

me topé por sorpresa.

Y te juro, por todo lo

que me mantiene de pie,

que fue el pasado

más abominable

que tú puedas creer.

Mas sólo te conté la mitad

de todos mis sueños incumplidos

y de todas mis malezas vividas.

Sólo te conté esa mitad

por la tremenda vergüenza

que afronté por ti.

Y, hoy aquí, delante de un juez

pido tu alejamiento,

kilómetros y kilómetros,

lejos de mí, vete.

Y, encima, me dices

que puedo ser

tu tercera persona;

aléjate, aléjate.

Necius mortem.

“La elección de la muerte”

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