Perdón (Número 295)


Tundra, sin golpes,

en una ventana salvaje,

sin ninguna duda.

Y, jamás se abre, decisión

de la tempestad de tu amor.

Y nunca te pido perdón

por la escalada de dolor

que, sin más razón,

gatea hasta mi ventana.

Heridas, en tu alma siniestra,

por mi causa, que te doblega,

al dolor y a la pena,

por esta humillación.

Y extrapolo mi mal

dentro de ti

y, mi siembra,

en tu interior,

ha calado igual,

a una enorme extensión.

Solo se cura,

con otro amor sublime,

con el mío,

¡seguro que no!

Ya no tiene sentido,

ni siquiera,

pedirte perdón.

Una respuesta a “Perdón (Número 295)”

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.