Cuerda roja (Número 277)


Bártulos de tu destreza

aterrizan sobre mi luz,

me inyectan, a raudales,

esa nube blanca,

inseminadora, con tu caldo

de hermosa espiga,

leucocitando, el trasteo,

en mi cánula intersticial,

plegando, lentamente,

el libro de mi vida.

Y, como si existiera

una larga cuerda roja

entre tú y yo,

nos honra, la memoria,

de nuestra vida.

Tu presencia,

¡en mi poesía!

Mi presencia,

¡en la entraña,

de tu sagrada exigencia!

Muerto, ya, tu holocausto

de tan agraviada pena.