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Cuerda roja (Número 277)

Bártulos de tu destreza

aterrizan sobre mi luz,

me inyectan, a raudales,

esa nube blanca,

inseminadora, con tu caldo

de hermosa espiga, leucocitando

el trasteo,

en mi cánula intersticial,

plegando, lentamente,

el libro de mi vida.

Y, como si existiera

una larga cuerda roja

entre tú y yo,

nos honra la memoria

de nuestra vida.

Tu presencia, en mi poesía,

mi presencia en la entraña

de tu sagrada exigencia,

muerto ya tu holocausto

de tan agraviada pena.

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