No quiero congelados (Número 245)

Un día, otro día

y, así, de espera,

van once.

Y ves, como una nebulosa,

se levanta, entre tú

y entre la noticia

que esperas no recibir,

ni hoy, ni mañana,

ni pasado.

Y, así, se te hacen los días

largos y largos.

Y, hoy, mi teléfono sonó

a eso de las doce y treinta.

Me puse a temblar

y, cuando me dicen

que si quiero congelados,

los mandé al carajo;

lo siento no es día de

llamarme,

el mes que viene, quizás

te haga un pedido

en condiciones,

mas hoy no me llames,

adiós, “con Dios”.

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