Hilos de seda (Número 111)


En este tiempo,

hilvano, las heridas

de mi corazón,

con hilos de seda.

Aumenta mi dolor

y, esta amargura,

tan pegada

en mi entraña,

con la dicotomía,

del arretazo

que me provocas,

cada vez que vienes a mí.

Por ello,

hilván tras hilván,

pienso,

no acercarme más a ti.

Y no me preguntes

el por qué de mi actuación.

Viejas historias,

como las tuyas,

no tienen perdón.

Y, tu ramalazo

de hombre recto,

ya se ha muerto.

Y solo me queda,

tu oscuridad.