Aliento (Número 34)

Así, aprendiz hostil,

con las ataduras

de tus manos

que me derrumban .

Sigo aquí,

en una camilla,

por emerger de tu ente.

Sigo aquí,

trascendida,

con la luz de tu centro

y asciendo,

alma mía.

Y, tú, dándome

tu aliento,

yo, por ti,

confabularía,

mi amor,

en este mágico mundo,

casi perfecto,

sin sombras de la derrota,

sin esperas

como aquella vez

con la lejanía de tu ser,

sin tu falacia perdida

en los rayos

de tu aventura

trascendental,

sin tu ida

de la imaginación

de mi vida,

sin tu ida

de la desnudez

de mi vejez.

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